Crónica personal

Pilar Cernuda

Ruedas de molino

Es conocido el empeño de Rodríguez Zapatero en hacernos comulgar con ruedas de molino, y no ha defraudado tras su encuentro con Artur Mas: tras ceder  en todo o casi todo lo que pedía el nuevo presidente de la Generalitat, echando por tierra su anuncio de que el Gobierno controlaría el gasto autonómico, viene ahora con que no ha habido ningún tipo de rectificación.

Hace tiempo que los anuncios, declaraciones, promesas  y reflexiones de Zapatero se mantienen menos tiempos que un pastel en la puerta en un colegio, pero que encima asegure, y lo asegure en sede parlamentaria, que no ha habido rectificación en su política autonómica, es de una desfachatez que asombra, aunque ya poco asombro producen las idas, venidas, vueltas y revueltas del Gobierno.

El primero que tendría que poner el grito en el cielo es José María Barreda, el presidente socialista que más protestó por lo que consideró un trato de favor de Zapatero a Cataluña frente a otras comunidades a las que no permite incrementa su deuda. El presidente manchego evidentemente no piensa que Zapatero ha mantenido la línea marcado por su Gobierno al echar una mano a Artur Mas, pues si lo creyera no habría denunciado la generosidad de Zapatero con el nuevo gobernante  catalán. Pero no sólo Barreda se ha quejado por el cambio de actitud que según Zapatero no es cambio de actitud, sino que la mayoría de los presidentes autonómicos han denunciado lo que consideran una diferencia de trato del Gobierno a las distintas comunidades, y nadie duda que si alguien conoce perfectamente el espíritu y la letra de las actuaciones económicas del gobierno respecto a las autonomías son sus responsables. Así que poco tiempo podrá mantener Zapatero su declaración de que no ha rectificado, porque ya han salido varios portavoces autonómicos a explicar las cuentas,  cuánto les han permitido endeudarse y cuánto necesitaban hacerlo.

Al malestar interior se suma, una vez más, la imagen que se transmite fuera de España. La Unión Europea, al menos en dos ocasiones, ha dado toques a España sobre el despilfarro autonómico y ha exigido una rectificación como medida indispensable para confiar en España. El propio Emilio Botín, que según analistas de muy distinto signo es quien manda en la economía española, se expresó en esos mismos términos, España no aguanta el gasto autonómico. Sin embargo, a las primeras de cambio, va Zapatero y agacha la cerviz ante un Artur Mas que preside desde hace apenas dos meses la autonomía más endeudada después de Valencia. No por su culpa, sino por la de quienes gestionaron la Generalitat durante los últimos ocho años. Ahí está la clave.

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