Las dos orillas

José Joaquín León

Salvad al PA

CON todos los respetos para el lince ibérico, más protegido que un niño mimado, me parece aún más importante salvar al PA. Astrid Vargas, directora del Programa de Cría del Lince, decía a Charo Fernández Cotta, en la entrevista que publicó este periódico el pasado domingo en la contraportada, que en cuatro años y medio han traído al mundo 24 cachorros de lince ibérico en el centro del Acebuche. Si Chaves y Zarrías hubieran promocionado un Programa de Cría del Voto Andalucista, y hubieran ayudado al PA durante los últimos cuatro años y medio, protegiéndolo, amparándolo, apoyándolo, dándole cancha en Canal Sur, no digo yo que hubieran conseguido en las últimas elecciones 24 escaños, tantos como cachorros, pero sí los suficientes para que la especie andalucista no esté al borde de la extinción.

Muchos pensarán que para qué vamos a salvar al PA si se suicidan ellos solos. Pues por la utilidad que tienen. Se ha visto en el Ayuntamiento de Sevilla, por ejemplo. Las gentes de buen parecer se hacen cruces ante las consecuencias del pacto del PSOE con IU, que ha obligado al alcalde, Alfredo Sánchez Monteseirín, a ceder mucho poder a Rodrigo Torrijos, con el consiguiente peligro. Si el PA hubiera salvado un par de concejales, a modo de linces, ese peligro se hubiera evitado, como se lo ahorrarían para la Junta de Andalucía el día de mañana. ¿Qué hubiera pasado si a Manuel Chaves le faltan tres parlamentarios para conseguir la mayoría absoluta? Hubiera gobernado en minoría, en manos de otra pinza, o hubiera pactado con la Izquierda Unida de Diego Valderas. Y así el alcalde de Marinaleda, Juan Manuel Sánchez Gordillo, podría terminar como consejero de Agricultura.

Al PSOE le conviene tener a mano al PA. Y al PP no digamos. Es un socio al que ya han recurrido y que perderán para siempre si se extingue. No funcionó del todo porque antes de que se agudizaran las tendencias fratricidas y suicidas de la especie andalucista, tanto el PSOE como el PP le tuvieron miedo y se encargaron de cortarles las alas para que no volaran. Pues sí, hubo años de travesía en el desierto, donde la especie andalucista lo pasa fatal, pero también periodos de bonanza en su habitat natural, que es el poder andaluz, como las alcaldías de Uruñuela y Rojas-Marcos, sin olvidarnos del pachequismo, o los cinco escaños en el Congreso de los Diputados con grupo parlamentario. Y ahí los andalucistas fueron sometidos a un acoso y derribo brutal, antes de que ellos mismos se hundieran en el fango del desierto.

Ahora, con el enigma de Pilar González, se deben tomar medidas extremas para salvar al PA, como si fuera el turón de pies negros, el sifaca de corona dorada, o el lince del andalucismo verderón.

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