La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Santa Misión de los Tres Barrios a Sevilla

La sorpresa de la Misión a los Tres Barrios es que fueron sus vecinos quienes evangelizaron a Sevilla

Primer viernes del Señor en San Lorenzo desde el 15 de octubre, víspera de su partida hacia los Tres Barrios. La sorpresa mayor de la Santa Misión Evangelizadora del Gran Poder es que fueron sus vecinos quienes evangelizaron al resto de Sevilla con su comportamiento, mostrándole con conmovedora espontaneidad respetuosa la devoción, el cariño y la emoción que hace (¿hacía?) la grandeza de nuestra Semana Santa. Evangeliza el Señor, por supuesto. Pero también la relación con él. Muchas veces lo he escrito: en el mudo intercambio de miradas entre el devoto y el Señor radica la esencia y lo mejor de eso a lo que llamamos Semana Santa. Y esta, por hermosa, multitudinaria o famosa que sea, solo es la pequeña parte visible de un inmenso iceberg sumergido en el día a día de todo el año.

¿Cuántos días está el Señor en besamanos? Cuatro de los 365 que tiene el año. ¿Cuántas horas está en la calle cada Madrugada? Siete de las 8760 que tiene el año. Esos cuatro días y esas siete horas no tendrían la rotunda fuerza devocional y emocional que tienen sin que, bajo ellas, sustentándolas y haciéndolas emerger, no estuvieran los 365 días y las 8760 horas de devoción, ya sea en la Basílica o en estampas y fotografías enmarcadas en las casas. En los Tres Barrios esta devoción se expresó con una emoción y una naturalidad que cada vez es más difícil encontrar en la Semana Santa.

En uno de sus artículos de salida a hombros por la Puerta del Príncipe o por la del teatro San Fernando un 11 de marzo de 1956, escribió Antonio Burgos: "Dicen que hoy, Señor, estarás por Sevilla. Por una Sevilla que afirman que no has recorrido nunca: la Puerta Carmona, la calle Luis Montoto, la Ronda del Tamarguillo. ¿De verdad que no la has recorrido nunca? No saben nada de Ti quienes tal afirman. Siempre estás recorriendo la ciudad, Señor de Sevilla, en la efigie de las viejas estampas gastadas de mirarte mientras se te reza, o en los corazones de sus gentes. En todas esas calles has estado ya, Gran Poder de Sevilla, en el cuadro de la salita que antes estuvo en casa de tus abuelos y que te trajiste como la más preciada reliquia cuando desmontasteis su piso con tanto dolor, con tantos recuerdos" (Oración difícil al Gran Poder). El Señor fue donde ya estaba y también donde lo descubrió -y a Dios a través de él- quien no lo conocía. Y lo segundo no es lo menos importante. Sigue mañana.

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