Vía Augusta

Sevilla, un caos en obras

El Ayuntamiento no pone el celo suficiente en controlar que cualquier obrero suplante a un agente de la autoridad

Circular por el centro de Sevilla, sea a pie sea en coche, se ha convertido en una carrera permanente de obstáculos. Una yincana involuntaria.

Aceras invadidas, calles cortadas sin permiso ni preaviso a diario, lo que impide tener un itinerario alternativo que no suponga dar vueltas y vueltas.

Con una frecuencia insufrible, basta un obrero con casco -que no es el responsable, que conste, es un mandado- que se transmuta en agente de la autoridad y te impide pasar con el coche o incluso caminando.

Este descontrol, esta evidente falta de planificación, impide seguir las soluciones que el Ayuntamiento tiene previstas. Un ejemplo: al final de Feria hay un itinerario marcado para ir en dirección Torneo, dado que en Resolana está prohibido girar en dirección a la Barqueta. Desde hace unas semanas una obra lo impide y no hay alternativa, salvo dar un rodeo descomunal.

No es el único caso, pero no se trata de relatar aquí cada corte, cada abuso, en definitiva. Porque la cuestión de fondo es que si esto ocurre es porque el Ayuntamiento de Sevilla lo permite. No pone el celo suficiente para evitar esas situaciones, sobre todo la proliferación de alteraciones de la vida ciudadana, de la libre circulación, sin permiso ni preaviso.

Me temo que en la Casa Consistorial estén más pendientes de la sucesión del alcalde que de gestionar. Baste recordar que Urbanismo o Policía Local son competencia de algunos de los concejales que suenan como posibles sustitutos de Juan Espadas al frente de la Corporación. Es otro efecto pernicioso de que el alcalde no dé ya el paso de centrarse en la carrera autonómica en la que se ha enrolado.

El empecinamiento en el error es malo para el PSOE, que tiene un candidato que sigue siendo identificado ante todo como el alcalde de Sevilla; perjudica por tanto al propio Espadas como aspirante a presidir la Junta de Andalucía y, sobre todo, es pésimo para Sevilla.

Ni el supuesto beneficio de la plataforma institucional que puede suponer la Alcaldía, ni tampoco otros argumentos más prosaicos como que al dejar de ser alcalde se quedaría sin sueldo -ya le ocurrió a Espadas cuando dejó de ser consejero para optar a la Alcaldía- tienen el peso suficiente para contrarrestar que el candidato del PSOE necesita patearse las provincias donde aún es muy desconocido para poder ser una alternativa real en una elecciones aún sin fecha.

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