Sevilla Ya nació con las mejores intenciones: configurar un potente movilizador de la sociedad civil para reivindicar infraestructuras y acciones de la Administración básicas para el desarrollo de la ciudad. Pero, como tantas cosas en Sevilla, ha ido languideciendo entre la indiferencia propia y ajena. Su última actuación esta semana, tras un largo silencio, para protestar por la anulación en la práctica del proyecto de los túneles de la SE-40 ha estado rodeada de cierto patetismo. Pero, a pesar de ello, la idea impulsada por Miguel Rus sigue siendo válida y algo parecido a Sevilla Ya sigue siendo necesario.

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