La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

¿Soportar el ruido por vivir en el centro?

Los vecinos no tienen que soportar el ruido como un peaje por el 'privilegio' de vivir en el centro

La vida de una ciudad no está en sus monumentos. Ellos son la huella y la memoria de su historia, su carta de nobleza como hermoso y melancólico recordatorio de grandezas casi siempre pasadas, su símbolo. La vida de una ciudad son sus mercados, sus calles comerciales, sus tiendas, sus cines, sus teatros, sus librerías y, por supuesto, sus cafés y sus bares… En Idea de Europa George Steiner coloca los cafés en primer lugar entre los elementos que definen la esencia de Europa. En Sevilla, que ha perdido todos sus cafés en el sentido europeo de la palabra, son los bares, las confiterías, las abacerías y las tabernas las que hoy cumplen sus funciones socializadoras. Habrá quienes los aprecien tanto como quien esto escribe, pero no más. Hecho de menos los desaparecidos, frecuento los de mi gusto y a diario hago breve pero jugosa tertulia de café y calentitos enEl Comercio -un saludo, amigos Jose y Miguel- que lleva con donosura sus 117 años de vida: nació -por citar los más míos- el año en que Conrad publicó Nostromo, Barrie Peter Pan y Wendy, Verne El dueño del mundo y Conan Doyle La aventura de los seis napoleones.

Dicho lo cual, y solidarizándome con los padecimientos del sector a causa de la pandemia, deseando que se mantengan algunas concesiones hasta que se repongan y sabiendo los muchos puestos de trabajo que dependen de ello, he de decirle con todo afecto al presidente de los hosteleros que no es de recibo que afirme que "el centro es una zona con ruidos pero no por los veladores, sino por el vehículo de Lipasam, una procesión o un concierto" y que "el vecino tiene que entender que es un ruido que tiene que soportar dentro de la legalidad" por vivir allí. No. Procesiones y conciertos no hay todos los días. El camión de Lipasam tarda unos minutos en pasar. Y los vecinos del centro no tenemos que soportar el ruido como algo consustancial a vivir en él. Vivo en el centro hace 40 años y solo los últimos he tenido que soportar ruidos, olores a fritanga y calles convertidas en comederos de una punta a otra mucho antes de las justas y necesarias ampliaciones de veladores para recuperarse de los daños de la pandemia. Usted ha dicho que la solución es "diálogo, consenso y sentido común". Pues la mejor forma de hacerlo no es decirles a los vecinos del centro que tienen que resignarse a soportar el ruido como si este fuera un peaje por tal privilegio.

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