'Spoiler'

En componer 'Memoría', Juan Sebastián Bollaín no ha tardado diez años sino toda una vida

21 de octubre 2022 - 01:45

El director más joven de la programación. Así se refirió a él -me cuentan quienes estuvieron en el acto de presentación- Juan Antonio Bermúdez, coordinador de la sección Panorama andaluz del Festival de Cine Europeo de Sevilla. Se refería a Juan Sebastián Bollaín, arquitecto y cineasta nacido en 1945. No era ironía, dice verdad: no sólo porque de él se proyectarán sus cortos de juventud, rodados en los 60 y 70, y por tanto son en puridad obras filmadas y firmadas por un veinteañero, sino porque a sus 77 alberga la frescura, el desprejuicio, la imaginación torrencial y la libertad que despeina a los adscritos a "las cosas son como son y sanseacabó" (esa gomina mental).

Les hablo de Juan Sebastián Bollaín en un acto suicida de spoiler. Tan spoiler es esto que ni yo misma sé cómo termina la historia de la cual les revelaré el final. Me explico: el próximo martes se presentará en Sevilla Memoría (con tilde en la i), la autobiografía no autorizada de Juan Sebastián Bollaín, editada bárbaramente por Barrett. Y como soy una de las personas que intervendrán en el acto, estoy teniendo el privilegio de leerla en plan premier. Quienes me conocen saben que no soy de dar ojana (ni tampoco estopa), ni me presto a los usos promocionales de estos tiempos. Ahora que, cuando me gusta mucho un libro, no puedo parar de recomendarlo.

Desde que Memoría llegó a mis manos le robo tiempo al tiempo para estar en él. Ronda las 600 páginas, y a mí me gusta leer como quien lame chantillí, ergo, me queda tela. Me gusta porque la verdad también se inventa ("Mi autobiografía es alucinante: me la estoy inventando y al final coincide casi al cien por cien con la realidad"), porque el tiempo no es uno sino todos los tiempos bailando, porque la memoria tiene al fondo un cuartito de objetos perdidos, porque el autor ni se esfuerza en salir guapo en la foto ni se cose un traje de maldito, por los lotes de reír-llorar que me estoy dando con él y con su amigo, un tal enfermedad de Parkinson, por la acumulación de materiales de (de)construcción, porque podemos reconocer una genialidad criatural que la pedagogía negra del franquismo no pudo contener; porque Sevilla tuvo que ser, una Sevilla con peculiar estela de Belmonte y una Sevilla que pudo ser y no (aún) no es. Porque "huele a electricidad", por lo guarro-sagrado, porque lo real es algo muy loco. Porque Felipe, su hijo, cuida esta obra y lo que ella significa. Porque está escrito de mil amores. Porque en componer estas memorias no ha tardado diez años sino toda una vida. "Porque -y aquí va el spoiler- esa es la cuestión: saber vivir mientras viva". No se la pierdan. (No apta para mentes acorazadas).

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