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La colmena

Magdalena Trillo

mtrillo@grupojoly.com

La Tabarnia del Sur

La batalla de la opinión pública, de los nacionalismos y los patriotismos, también se gana o se pierde a golpe de ocurrencias

José Manuel Soto se declara "facha". Y no se avergüenza. Ni por lo que significa de ridículo y extravagante ni por la deriva que implica de ese patriotismo nacional -que no nacionalista- que simboliza Tabarnia. A orillas del Guadalquivir, acaba de ser nombrado embajador del reino que Albert Boadella está dando forma desde las comarcas más españolistas de Barcelona y Tarragona.

Una nueva comunidad autónoma; una ocurrencia tan absurda y ridícula que termina por volverse ingeniosa y efectiva para denunciar la locura del independentismo. Porque recurrir a la sátira y el humor siempre es una válvula de escape. Incluso cuando se mueve entre los tópicos, los prejuicios y los complejos con que seguimos viviendo ese "soy español" que reivindica con descaro el cantante sevillano.

El tema catalán es tan serio, por anacrónico y enquistado, que no podemos renunciar a ninguna receta. Ni a la irreverente que representa Tabarnia -ahora proponen construir un AVE con Jabugo para hermanar el jamón ibérico con el pan tumaca- ni a la oportunista con que ha irrumpido el político francés Manuel Valls. El ex ministro quiere ser alcalde de Barcelona; su otra patria. Se ha desprendido del tutelaje de Ciudadanos -en apariencia- y exhibe liderazgo y pragmatismo al frente de una "plataforma ciudadana" con la que quiere poner coto a los "populismos" y a los "nacionalismos". En este punto, podemos quedarnos en Cataluña y limitarnos a lamentar la crispación con que se está celebrando el aniversario del referéndum fallido e ilegal del 1 de octubre o mirar, perplejos e impotentes, a Europa: a la Italia de Matteo Salvini, a la Hungría de Viktor Orban y hasta a la Francia del "rearme ideológico de extrema derecha" sobre el que hace unos días reflexionaba The Guardian alertando del proyecto de una sobrina de Le Pen para abrir en Lyon una escuela superior de formación dirigida a políticos y empresarios: "Tenemos políticos que saben hacer buenas campañas, pero no saben ser buenos líderes".

Efectivamente, tenemos un problema de líderes y de liderazgo. El propio Boadella, el excéntrico rey en el exilio de Tabarnia, defiende sus posiciones y ejerce con más autoridad y coherencia que muchos de los iluminados que nos dicen representar. Y la batalla de la opinión pública, que es la batalla misma de las ideas, de los nacionalismos y de los patriotismos, también se gana o se pierde a golpe de insignificancias y de ocurrencias supuestamente irrelevantes.

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