Desde mi córner

Luis Carlos Peris

El Toralín como uno de tantos purgantes

QUIZÁS estemos ante el primer purgante que haya de ingerir el Betis en un curso que se presenta rico en purgantes. Purgante es jugar en un día de descanso para la élite y que conlleva la ausencia de internacionales, aunque peor sea no contar con internacional alguno. Purgante es, igualmente, jugar en El Toralín con la posibilidad, además, de que un árbitro desconocido te atraque como la última vez que el Betis estuvo allí.

Pero como hablar de purgantes es algo que menudeará en este ejercicio, incidamos en que el Betis, con su inmejorable seis de seis en la valija, acude al corazón del Bierzo integrado como número principal en el programa de festejos ponferradinos. Y lo hace mirando con mucho recelo a la bomba que soltó Adán por las ondas y que Julio Velázquez no ha desactivado por mucho que haya pasado de puntillas sobre al campo de minas creado por su hasta ahora portero titular.

Anda cortito de glamour jugar en El Toralín, pero la vida no discurre siempre, o casi nunca, como uno quiere y si toca El Toralín, pues a apretar los dientes y a impedir que esa falta de glamour te eche del partido. Ni la falta de encanto, indudable por cierto, ni esos problemas gratuitos a los que el Betis está tan expuesto por su propio talante autodestructivo deben interponerse en la trayectoria de un equipo tan maltratado, mayormente, desde sus mismas entrañas.

Tiene el Betis la presión añadida que representa la obligación de ganar. Todo lo que no sea ganar en El Toralín se calificaría de malo o de muy malo, pero también hay que convenir en que el camino que el Betis tiene por delante estará lleno de imprevistos y de celadas impensables. Hasta ahora, la ruta se lleva con solvencia y conocimiento de causa, por lo que hay que esperar que esas bombitas que se ponen desde dentro no se unan a las que caen desde fuera. El Toralín, jo...

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