la ciudad y los días

Carlos Colón

Torres que desprecio al aire fueron

UN cronista de The Guardian ha escrito a propósito de la inauguración en Londres de The Shard, el rascacielos más alto de Europa: "Es claramente un monumento a la riqueza y el poder ahora fuera de control. Grita con deslumbrante arrogancia que el dinero es quien gobierna". Líbreme la poderosa Britannia con su yelmo, escudo y tridente, y los tres leones de Ricardo Corazón de León, de darle lecciones sobre su capital a un inglés. Pero creo que el cronista se equivoca. Londres, como todas las grandes capitales desde que el mundo es mundo, es un monumento a la riqueza y al poder; y el "poderoso caballero" ha gobernado siempre. Eso sí: ahora la riqueza y el poder están fuera de control y el dinero que gobierna es de otros, no de los ingleses. El rascacielos que tanto está dando que hablar, y tan contentos ha puesto a los sevillanos que miden la modernidad y el progreso por metros de patrimonio destruido y de bloques o rascacielos alzados, ha sido financiado por los jeques de Qatar.

Pero el error del cronista inglés es aún más grave, en mi modesta opinión de anglófilo, porque Londres, en mayor medida que otras capitales europeas, es un soberbio monumento al poder del dinero burgués alzado en gran parte en su triunfal, industrializado, comercial y muy pragmático siglo XIX, cuando se convirtió en la ciudad más grande y próspera del mundo. Las elegantes curvas de Regent Street se trazaron entre 1814 y 1825, Piccadilly es de 1819 y las grandes estaciones de ferrocarril de nombres mitificados por la literatura -Euston, Waterloo, King's Cross o Victoria- se construyeron entre 1837 y 1863; Buckingham -construido entre 1826 y 1840- se convirtió en Palacio Real en 1837, la plaza de Trafalgar y Regent's Park son de 1845, el Big Ben de 1859, el Royal Albert Hall de 1871, el Puente de Londres de 1894 y el Arco del Almirantazgo de 1910. Los bancos y los edificios de las compañías coloniales eran grandes como palacios e imponentes como catedrales, caso del Banco de Inglaterra construido por sir John Soane entre 1792 y 1823.

Gran parte del mejor y más hermoso Londres es un monumento a la industria y al comercio, al poder y al dinero, al confort y al bienestar que procuran. Eso sí, hay que repetir, un poder bajo control parlamentario y un dinero inglés. Recuerdos ya, nostalgia explotada turísticamente y ruinas bien cuidadas. Colindantes con horrores como la nueva City de rascacielos o este The Shard recién inaugurado, que no serán ni tan siquiera bellas ruinas cuando les llegue la hora. Ya lo dijo el de Utrera: "Las torres que desprecio al aire fueron / a su gran pesadumbre se rindieron".

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