Editorial

Trump avergüenza al 'Gran Partido Republicano'

DONALD Trump puede ganar las elecciones presidenciales del 8 de noviembre en Estados Unidos, y es probable porque ya logró lo imposible, llegar a ser el candidato del Old Gran Party, el Partido Republicano, el mismo de Lincoln. Uno de los aspectos más inquietantes de sus ascensión es comprobar cómo los sistemas democráticos están abiertos a este tipo de liderazgos, siempre que el tipo contribuya al espectáculo. Primero el show, después llegarán los lamentos. Ahora Trump tiene avergonzada a la mitad de su partido. Después de que se revelase el contenido de una conversación tan machista como grosera, un buen número de dirigentes republicanos se han distanciado públicamente del candidato. Otros van más allá, y desean un relevo en la candidatura. Será imposible si Trump no se aviene a ello, y parece que no lo hará. Hace unos meses, sin ningún tipo de pudor, ya dijo que él no perdería puntos de popularidad ni aunque se pusiera a pegar tiros en la Quinta Avenida. Y así lleva desde que comenzó la carrera, criminalizó a los mexicanos, se mofó del supuesto heroísmo de John McCain -prisionero torturado en Vietnam-, atacó a la madre de un muerto en Iraq y se alió con los conspiranoicos para difundir la mentira del nacimiento de Obama fuera de Estados Unidos. Más preocupante es su amistad con Putin, cuyos servicios han irrumpido en la campaña para piratear la sede de los demócratas y perjudicar a Hillary Clinton. Incluso ha alardeado de no pagar impuestos durante más de una década bajo el argumento de que él no es tonto. No estamos, en el caso de Trump, ante un político populista, xenófobo, orador de mensajes fáciles, él no es la estrella del Tea Party, no es un ultraconservador; él es un generador de espectáculo mediático, un multiplicador de audiencias con un perfil donde no destaca nada bueno. Los malos también pueden ser populares. Y aunque desde Europa no se entienda cómo personajes de este tipo han llegado tan alto, es posible que sí, que gane. Después de conocerse sus declaraciones en las que alardeaba de sobar a las mujeres, sólo un 12% de los votantes republicanos han declarado que lo rechazan. Que Trump aún sigue en una posición donde es posible la victoria también se debe, aunque sólo en parte, a la mala imagen que proyecta su competidora Clinton, paradigma de todo lo malo que los norteamericanos atribuyen a Washington. Aun así es posible que el viejo partido termine acabando esta semana con este candidato, porque ya no le vale seguir fulminando asesores como estrategia de defensa.

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