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Fede / Durán

'Unter den linden'

INTENTEMOS resolver el sudoku: los españoles han de adaptarse desde hace meses a la fórmula ganar menos y pagar más. Presuntamente, ganar menos permite a las empresas ser más competitivas (o directamente sobrevivir) en tiempos de tijera y taparrabos. Supuestamente, pagar más (IRPF o, a partir de 2013, IVA) acerca al Gobierno a la meta del déficit bajo control atacando el verdadero problema, que no estaría en los gastos sino en los ingresos públicos. Ambos problemas son en realidad compatibles. El tamaño del aparato administrativo, sobre todo del autonómico, sigue siendo inmenso y vergonzante. Hay funcionarios andaluces de a 3.000 euros la nómina sin cometido a la espera de que PSOE e IU dividan el pan y el pez (en singular). Hay fundaciones burdamente absorbidas por otros organismos pero todavía con plantillas más propias de una multinacional que de una entidad sin ánimo de lucro. Hay, en fin, embajadas regionales en Nueva York y Pekín, como si el acento fuese decisivo para vender la marca-minipaís (menuda marca, por cierto, y menudo país).

Ganar menos y pagar más para que la cosa pública se cure nos empuja a otra consecuencia: el contribuyente de clase media elabora una lista de prioridades y tacha todo lo demás. Entonces, aunque por el noble propósito de la supervivencia, el consumo como magnitud macroeconómica se resiente. Se venden menos pisos, menos coches, menos ordenadores, menos libros y menos calzoncillos.

A la vez, no obstante, cualquier dieta garantiza la finura de la silueta, o del gasto en este caso, que será presumiblemente más racional, menos fanfarrón. Porque soltar la guita que se tiene y no la que se debe arruina al banco (admitiendo un escenario utópico donde los bancos presten) pero blinda al individuo. Y no sólo eso: le permite repensar sus arrebatos capitalistas durante un catártico paseo unter den linden. A lo mejor no necesitábamos cambiar de auto cada cuatro años, ni ponerle al niño una tele en su habitación, ni comprar un chalet en primera línea de playa o coleccionar todas las criaturas de la familia Apple. En cierta forma, esta crisis es un regreso a las esencias. La sobriedad potencia los sentidos cuando toca utilizarlos. Y una patata siempre le sabrá mejor a un asceta que a un luchador de sumo.

Esta enseñanza pseudozen podría asumirla también la tricéfala administración española, concentrada, por mandato del Estado, en recortar sin distinguir. Si distinguiese antes de recortar, las partidas más productivas serían en el peor de los escenarios adelgazadas pero no mutiladas, y las superfluas eliminadas sin complejos. De Guindos estaría en ese caso en disposición de afirmar (como de hecho afirmó esta semana) que la I+D será una de las prioridades del Gobierno sin asumir el riesgo de que alguien le recuerde que el recorte en este ámbito será del 25% respecto a 2011.

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