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Cuchillo sin filo

francisco Correal

Vietnam

MI hijo Paco pronunció ayer por primera vez la palabra ébola. Hoy cumple ocho años. ¿Cómo se ve el mundo a los ocho años? No sé si alguna vez, cuando tenga una familia y uno de sus hijos cumpla ocho años mi hijo acudirá a las hemerotecas, si existen entonces, para recordar cómo fueron sus ocho años que ahora yo le subdivido en velas de tiempo empatado.

Mi padre cumplió ocho años en 1933, tercer año de la Segunda República. El año más importante de su vida porque nació mi madre. Mi madre cumplió ocho años en la más dura posguerra, 1941, en que miles de jóvenes españoles se alistaron a la División Azul. ¿Y mis ocho años? Recuerdo la calle donde vivía, Travesía Baja, 4, entre la casa de Fernando Muela y la de la señora María, cuyo hijo, Manolo Serrano, salía todos los lunes en el As y el Marca porque jugaba en el Villarreal.

De otras cosas que ocurrieron ese año yo no fui consciente hasta mucho después. Mi pueblo, Puertollano, debía parecer a mis ojos de niño como Nueva York. En el mes de octubre del año que yo cumplí ocho años se inauguró la refinería de petróleo. El crudo llegaba a través del oleoducto Málaga-Puertollano que se inauguró ese mismo mes. Al Nueva York real, el que salía en las películas y donde casi nadie viajaba, se desplazó Pablo VI para decir ante la Asamblea General de Naciones Unidas que "la verdadera amenaza contra la paz no proviene del progreso tecnológico o del desarrollo científico, sino del propio corazón de los hombres".

El año que yo cumplí ocho años los Beatles vinieron a España. En 1965 sale el primer disco de los Rolling Stone. Músicas juveniles para unos telediarios en blanco y negro en los que mandaba una palabra: Vietnam. El día que yo cumplí ocho años Estados Unidos abrió la base de Da Nang. Ese año se mueren Le Corbusier y el doctor Barraquer. Expulsaban de la Universidad a Aranguren, García Calvo y Tierno Galván, que tres lustros después sería alcalde de Madrid. De mi clase no expulsaron a nadie. Don Pascual, el maestro, me regalaba las estampas de La Conquista del Oeste del chocolate Louit.

Una red social era un encuentro de pescadores. Se habían celebrado los Juegos de TokIo pero no había llegado el furor de correr. Mariano Haro batía el récord nacional de diez mil metros. Cassius Clay renovaba el título de pesos pesados y el Che renunciaba a la nacionalidad cubana para irse al Congo.

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