La tribuna

michel-ange Kambiré Sonda

Vino nuevo, odres nuevos

EL 26 de junio amanecíamos con una noticia transcendente, la abdicación del rey Juan Carlos I. De abdicaciones ha habido bastantes a lo largo del tiempo y en este siglo XXI; sin embargo, lo importante en su caso radica esta cita de su discurso: "Hoy merece pasar a la primera línea una generación decidida a emprender con determinación las transformaciones y reformas que la coyuntura actual está demandando". Añadimos tirando de este refrán: "Cuatro ojos ven mejor que dos", que a su vez ilustra este verso: "Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos"(Mc 2,18-22).

Damos por sentada la necesidad de un cambio generacional en la política en todas las esferas. Sólo un cambio reflexivo, pero sin ambages, dará otro brillo al quehacer político hoy en día, tal como ya fuera planteado desde Sócrates y Aristóteles, pasando por el renacentista Erasmus, Montesquieu, Tocqueville y otros padres de la política en la gestión de los asuntos públicos.

Las tareas públicas atañen a todo el mundo y a cada persona, y de cada persona trascienden hacia todo el mundo. En consecuencia, debemos tomar estos asuntos como algo nuestro y propio y velar por ello con mimo, afecto y cariño, teniendo en cuenta también la responsabilidad social correspondiente. El hecho de prevaricar tan a menudo, o echar el opio de la corrupción en las transacciones y contratos, como sucede tantas veces, nos deja atónitos en estos últimos tiempos por ser un despropósito. Cabe recordar este refrán africano: "Por culpa de un asno, toda la generación de asnos tiene la boca blanca". Analógicamente, por unas pocas personas prevaricadoras da la sensación de que todas las personas que se dedican a la política son prevaricadoras y corruptas, cuando la política en sí misma es un servicio público y quienes se dedican a este quehacer sacrifican en ella buena parte de su vida.

En la labor pedagógica, ciertos postulados deben de llevarse a cabo con diligencia, de lo contrario se corre un grave riesgo de no hacer nada o de despegar para no aterrizar a ninguna parte. Tras la abdicación del Rey, en España, algunos dirigentes de la política siguieron sus pasos sin demora: Rubalcaba, del PSOE, dimitió y le reemplazó Pedro Sánchez. Cayo Lara, de Izquierda Unida, hizo lo mismo y lo sustituyó Alberto Garzón; y dentro de poco, en vista a las elecciones que irán jalonando el espacio político en este año 2015.se irán produciendo otros cambios.

Ojalá el llamamiento del Monarca emérito español cale en la ciudadanía a todos los niveles donde exista un órgano de gobierno: dirección de colegio, IES, universidades, hospitales, servicios públicos y otros. La política o el quehacer político tienen visiones variopintas en su definición. Por ello, para no perdernos en elucubraciones ociosas, elegimos la definición dada por los franceses: "La politique est l'art de la ruse et de l'hypocrisie"; o sea: "La política es el arte de la astucia y de la hipocresía". Subyace, en esta definición, que una persona que aspira a dedicarse a la política debe de ser astuta e hipócrita o debe al menos tener algo de astucia e hipocresía para alcanzar objetivos de paz y justicia; convivencia, unidad y bienestar.

En estos momentos, "a vino nuevo, ofres nuevos" nos parece una máxima certera y necesaria, sobre todo porque tendrán que tomarse decisiones de gran calado sobre un futuro que ya es presente. Con lo esgrimido ut supra no cabe duda, y se sustenta, obviamente, en que en la política nadie debe adueñarse de un puesto ni tan siguiera apropiarse de ello. Las reglas de juego en la democracia están entredichas y algunas personas politólogas, tales como Yves Charles Zarka (2010, Universidad Sorbona, Paris) o, más próximos, como Ramón Soriano y Carlos Alarcón (2004 y 2014, UPO, Sevilla), van avisando y anunciando que la democracia tal como se ideó hace siglos necesita odres nuevos.

En este año de elecciones, es preciso recordar que el poder no sólo se ejerce con ambivalente astucia e hipocresía. sino que tiene también mucho de vanidad y soberbia; así que las personas que ya se sienten agotadas o al borde del colapso deben tener la osadía de devolver el delantal a una generación decidida a emprender. De allí nuestra solicitud de limitar a dos mandatos cualquier cargo político. "No hay peor ciego que quien no quiere ver", ya que en política los términos y los hechos de astucia e hipocresía son armas de doble filo y quienes las saben utilizar sacan beneficios, pero los necios acaban cavando su propia tumba con sus dientes.

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