La colmena

Magdalena Trillo

mtrillo@grupojoly.com

Visto lo visto...

La 'batalla' no está en pegar carteles, ni en llenar plazas para los convencidos ni en figurar en las procesiones de Semana Santa

El alcalde de Jun, José Antonio Rodríguez Salas, asesorando al equipo de Hillary Clinton. El alcalde de Jun, José Antonio Rodríguez Salas, asesorando al equipo de Hillary Clinton.

El alcalde de Jun, José Antonio Rodríguez Salas, asesorando al equipo de Hillary Clinton.

Página 238 del Manual de resistencia de Pedro Sánchez: "Realizaron un pronóstico de las primarias que no sólo afirmaba que ganábamos, sino que vaticinaba por qué diferencia. Facilité los datos a los medios y no me creían. Pero acertamos de pleno". El presidente del Gobierno habla en su libro del alcalde de Jun y, más allá de la anécdota sobre los aciertos adivinatorios del político granadino, viene a explicar por qué Rodríguez Salas ha acabado formando parte de su equipo de colaboradores más directos tanto en Moncloa como en Ferraz: supo anticipar el papel que ocuparían las redes sociales (en las campañas electorales y en la gestión municipal) cuando muchos de sus compañeros lo miraban con desdén pensando que lo suyo eran frikadas y puro divertimento. Hoy arrasa en Twitter -sólo su jefe tiene más seguidores-, se codea con los gurús de Massachusetts y comparte fotos asesorando a Hillary Clinton.

Trump en Estados Unidos, Bolsonaro en Brasil o Salvini en Italia tal vez sean las evidencias más globales de que no es frivolidad sino estrategia meterse en el bolsillo -y la mente- de los ciudadanos. Y lo es en cualquier escala. En España, un periodista, un sociólogo y un estudiante de Audiovisual están detrás de la exitosa campaña de Vox en las andaluzas: Facebook apenas les interesa; Twitter, lo justo; y donde despliegan todas sus artes -a golpe de memes, vídeos cortos y mensajes directos, simples y contundentes- es en Instagram, WhatsApp y Youtube. El 2-D irrumpieron con 12 escaños y ahora no sólo hay sondeos que les dan más de 30 diputados para las generales, también los sitúan en algunas provincias por delante de Cs y hasta del PP.

La verdadera batalla de la opinión pública -y la de los votos- no está pegando carteles, llenando plazas con los convencidos ni figurando en las procesiones de Semana Santa. Ya tuvimos a cuatro ministros de Rajoy entonando El novio de la muerte y este año por poco se repite la foto de Colón con Casado, Rivera y Abascal junto al Cristo de Mena. ¿Quieren ganar dándose codazos para una foto de periódico?

Las mochilas de los partidos pesan -Pablo Iglesias ha sido, por ejemplo, el único candidato en aceptar ser entrevistado por un influencer- pero el desafío va mucho más allá de la lógica brecha generacional y de la difusa dicotomía entre viejos y nuevos. Se trata de asumir la envergadura y lo gaseoso del cambio. De anticiparse, de no meter la pata más de la cuenta y de acertar. Lo de siempre, sí, pero en un campo inédito de juego y con reglas nuevas. Y, visto lo visto como diría Sánchez, no todos lo quieren entender.

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