Las dos orillas

Vuelven los pregones

En Sevilla los pregoneros son amados y odiados, según, y se les trata entre el peloteo y la envidia

Era la guinda que le faltaba al pastel de la nueva normalidad. Vuelven los pregones en Sevilla. Comenzó el martes con Carlos Herrera, en una efeméride especial: el Pregón del Centenario de la Candelaria. Pero hay dos (los oficiales, el de la Semana Santa y el de las Glorias) que tienen crianza. A Julio Cuesta todavía no le ha llegado su turno, que lleva casi dos años esperando. Sin embargo, Rosa García Perea por fin podrá desvelar su pregón mañana en la Catedral. Pregón de las Glorias, que con tanto interés se espera, por ella y por lo que se ha esperado. Vuelven los pregones, que tienen su literatura y su leyenda, su prosapia y sus rencores. Porque en Sevilla los pregoneros son amados y odiados, según, y se les trata entre el peloteo y la envidia.

Al morir Aquilino Duque, entre las semblanzas, se ha destacado que no lo nombraron pregonero de la Semana Santa. Como a tantos ilustres de las Letras hispalenses. La lista de los No Pregoneros es como la lista de los No Premios Nobel de Literatura. Hay grandes figuras, tan meritorias o más que quienes tuvieron la suerte de recibirlo. Y es verdad que Aquilino lo merecía. Pero también es verdad que su poema del Cachorro se ha citado en el Pregón un año sí y otro no, más o menos, de modo que no le hacía falta pregonar, pues lo hacían otros por él. Y muchísimo peor que no ser pregonero es que las élites del progrerío cultural lo marginaran y lo condenaran en vida al olvido, tan sólo por sus ideas.

Pregoneros han sido escritores y/o poetas, como Joaquín Romero Murube, José María Pemán, Antonio Rodríguez Buzón, Francisco Montero Galvache, Carlos Colón, Joaquín Caro Romero, Antonio Murciano, Antonio Burgos, Antonio García Barbeito o Lutgardo García Díaz, verbigracia, por citar algunos. No sólo hermanos mayores, médicos, abogados, periodistas y amigos de los que pasaban por el Consejo.

Rosa García Perea, la pregonera de las Glorias, también es escritora y poeta (o poetisa, como se decía antes), pero además es una cosa rarísima: editora. Junto a su hermana Esperanza cumplió el sueño de Jirones de Azul, editorial ya fenecida, y siempre ha sido una romántica o algo parecido, becqueriana quizá, pero con los pies en el suelo y sabiendo lo que hay. Demasiado buena para dar codazos y demasiado leal para negar los méritos a quien los tenga. No la han nombrado por ser una mujer, que tan exóticas resultan aún para los pregones en este ámbito peculiar, sino por ser Rosa García Perea, que tiene un currículo que ya lo quisiera algún Adán.

Vuelven los pregones, y vuelven por la puerta grande y en la Catedral.

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