La ventana

Luis Carlos Peris

Zafiedad y excesos en el minipaseíllo

SOBRABAN muchas cosas, demasiadas, una barbaridad de cosas en la comparecencia de Cristina de Borbón ante el juez Castro. Sobraba la sonrisa de ella, que más parecía que iba a una boda que a ponerse ante el ropón y sobraba la cantidad de personas que iban a un espectáculo parecido al que se daba en Concorde cuando María Antonieta iba camino de la guillotina. Indudablemente, la democracia sale reforzada por el hecho de que una infanta de España esté en manos de un juez que, por cierto, cualquiera sabe los obstáculos que habrá superado para llegar ahí. Eso es así, pero a la misma vez hay que convenir que todo esto es muy triste, más que nada por el papel que la Corona desempeñó en este país antes de que apareciera el nefando Instituto Nóos. Funciona la democracia, pero sobraron demasiadas cosas en el minipaseíllo de Cristina por la rampa palmesana.

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