La ventana

Luis Carlos Peris

Cómo se alargan los toreros de hoy

PERTENEZCO desde muy temprana edad a la cofradía del si lo bueno es breve, dos veces bueno. Por lo tanto se me hace insoportable un espectáculo, cualquier espectáculo, que dure más de dos horas. Eso en confortable gutapercha sentado, que cuando es en el duro ladrillo maestrante, ladrillo que no hay almohadilla alguna que lo dulcifique, resulta un potro de tortura. Antier nos sentábamos en el tendido a las seis y media de la tarde, justo cuando empezó a sonar el pasodoble habitual, y nos levantábamos a las nueve y cuarto, prácticamente de noche. Le faltó un cuarto de hora para las tres horitas y eso no hay osamenta que lo resista. Tengo como medida ideal en el tiempo de una corrida de toros lo que duró aquella memorable en que Curro cortó ocho orejas a seis morlacos de Urquijo. Tras dar innumerables vueltas al ruedo y cuajar a los seis, todo terminó a la hora y media. Qué pesaditos son los toreros de hoy...

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