María josé andrade

Periodista

No están a la altura

La clase política no ha trabajado en equipo con el objetivo común de vencer al virus

Ya sabemos todos cómo ha sido el resumen de un año que muchos querrán olvidar. Un año en el podría decirse que las dos únicas palabras que han copado los grandes titulares de todos los medios han sido pandemia y Covid-19.

Ambos términos ya son famosos, por desgracia. Forman parte de nuestras vidas como las mascarillas que cubren las caras, las sonrisas y las conversaciones del día a día; y lo hacen desde que se hicieran imprescindibles y necesarias para salvaguardarnos de una enfermedad que no entiende de familia y de allegados ni tampoco de calendario.

Un calendario que suma meses y que ha cambiado de año, pero que también ha resultado ser una auténtica carrera contrarreloj. Un camino en el que las cifras de personas que mueren por Covid-19, en todo el mundo, ha supuesto la subida al Everest sin oxígeno de muchos científicos que han restado horas a sus vidas, para conseguir la bendita vacuna que nos devolverá nuestras vidas de siempre.

Ellos están siendo los verdaderos protagonistas de unos meses caóticos. Ellos son los que, en silencio y encerrados en sus laboratorios, han investigado, estudiado y trabajado, sin descanso, para dar con el milagro que nos llevará, de nuevo, hasta aquel 13 de marzo en el que aún caminábamos por las calles sin miedo a nada y libres de una atadura quirúrgica.

El 2020 ha sido el año en el que hemos desaparecido del mundo, pero este 2021 será el año en el que tenemos que volver. Y lo haremos con fuerza, pero también gracias a muchos hombres y mujeres que sí están a la altura de unas circunstancias en la que otros muchos están consiguiendo poner freno a lo que es una de las proezas más importante de la Historia actual.

Los investigadores han dado la talla. Ellos están dando la respuesta que la humanidad esperaba y han llenado los camiones con cámaras frigoríficas repletas de esperanza. Todos han dado un paso al frente y han trabajado en equipo, para dar una lección de lo que es humildad, perseverancia y persistencia.

Mientras, la ciudadanía asiste atónita al reparto lento y descontrolado por autonomías de la vacuna. Ven el vacío de un ministerio en el que su responsable tiene sus pensamientos en la Presidencia de la Generalitat y contempla, con dolor e impotencia, el cierre y ruina de numerosos negocios que son el sustento de miles de familias que ya forman parte de la lista de parados.

La clase política no se ha encerrado en sus despachos para dar solución a una situación insostenible. No ha trabajado en equipo con el objetivo común de vencer al virus y no ha sido capaz de ponerse de acuerdo para salvaguardarnos de una pandemia de la que pocos nos podremos salvar.

No, ellos no han estado a la altura de las circunstancias. Ellos no han sabido, o no han querido, ponerse de acuerdo, no han mostrado apenas empatía y no se han puesto en el lugar de los que tanto están padeciendo por la enfermedad o por la ruina porque si lo hubiera hecho, hoy España sería un ejemplo a seguir y la muestra de que juntos, por fin, habríamos vencido.

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