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Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Las barbas del PSOE en remojo

¿Será Sánchez al PSOE lo que Cambadélis y Craxi fueron en Francia e Italia al PSF y el PSI

Los gallegos votan masivamente al PP y dan el mayor castigo electoral de su historia al PSOE de Pedro Sánchez… Fracaso estrepitoso del PSdeG, que hay que adjudicar a Pedro Sánchez (…) que no suma ninguna victoria desde que es presidente del Gobierno… Sánchez lleva tiempo llevando al PSOE a las honduras de la desaparición”. Lo escribía ayer en los diarios de este grupo Pilar Cernuda. Poco más hay que añadir, salvo que perdió hasta las elecciones tras las que logró la investidura a precio de cambios en el Código Penal, indultos y amnistía. Y el difundido chiste local de que el PSOE de Sánchez y de Espadas, por perder, ha perdido hasta la caseta de la Feria (a la que hay que añadir la pérdida de la presidencia de los palcos que le quitaron los ciudadanos en las urnas).

Lo más llamativo es que parece que le da igual. Para Sánchez el PSOE son los vagones del tren marxiano–“¡más madera, que es la guerra!”– que manda quemar para alimentar la locomotora de su persona. La guerra es la que se ha inventado contra la derecha –toda ella extrema, fascistoide, xenófoba, retrógrada y posfranquista, desde el ala más liberal del PP al extremo más populista de Vox– para justificar cuanto haga, incluido alzar un muro tras el que confinarla como a los míseros alienígenas de Distrito 9 de Jackson.

¿Será Sánchez al PSOE lo que Cambadélis fue al PSF –cuando en las elecciones de junio de 2017 el partido pasó de 314 a 31 diputados en la Asamblea Nacional– o Craxi al PSI, al que liquidó antes de huir a Túnez? Cuando las barbas de tu vecino veas cortar… Lo que no sería bueno para España porque, tras el puente de UCD, PSOE y PP han vertebrado la estabilidad de nuestra vida democrática. Pero podría ser inevitable de seguir así las cosas. Y poca esperanza hay porque solo puede mantenerse haciendo más cesiones a los populistas de izquierdas que cogobiernan con él y a los independentistas, además de seguir alimentando la polarización, no casualmente elegida como la palabra del año 2023.

Por ser justos hay que añadir que todo empezó con Zapatero. Lo reconoció en su desaforada intervención en el mitin gallego en el que profetizó que el domingo “vamos a tener una noche de alegría”, afirmando que “gracias al trabajo que hicimos otros” Pedro Sánchez puede hacer el suyo. Muy cierto. En esto hay que darle la razón: sin Zapatero no habría Sánchez. Que cada cual lo interprete como le plazca.

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