Editorial

El bolsillo de la clase media

LA moderación salarial ha sido una realidad sobrevenida con la crisis económica que ha sido aceptada de buen grado por el conjunto de los trabajadores, que vieron en ello una condición necesaria para conservar sus empleos. En la práctica se ha traducido en los últimos años en una acusada pérdida del poder adquisitivo de los asalariados que han tenido la fortuna de conservar sus puestos en medio de una terrible recesión económica que ha disparado las cifras del paro hasta llegar a afectar a más de seis millones de personas. El esfuerzo de contención salarial, convertido en rebaja real de las remuneraciones, se ha realizado fundamentalmente por las clases medias, que son también las que se han visto afectadas por los sucesivos incrementos de impuestos con los que el Gobierno ha ido cumpliendo los dictados de Bruselas y Berlín para controlar el desbocado déficit español y calmar la ansiedad de los mercados. Esta doble presión, menos sueldo y más impuesto, unido al descontrolado crecimiento del paro, ha supuesto un hundimiento del consumo que a su vez ha arrastrado más crisis empresariales y caída de la inversión productiva. No parece lo más oportuno que en este contexto se plantee como solución para los muchos problemas económicos a los que va a tener que hacer frente España en el corto plazo un incremento aún mayor de la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores. Es lo que ha propuesto el Fondo Monetario Internacional en su último informe sobre nuestro país y ha secundado con entusiasmo el secretario europeo de Asuntos Económicos, Olli Rehn. Ambos han considerado que una reducción salarial de un 10% a sumar a lo hecho hasta ahora contribuiría a crear empleo y corregir así el principal desequilibrio de la economía española. Por una vez, y sin que sirva de precedente, el rechazo a la receta del FMI ha unido a Gobierno y oposición y a patronal y sindicatos. No hay que ser un sagaz analista económico para darse cuenta de que seguir metiendo la mano en el bolsillo de la clase media no es el camino para solucionar nuestros problemas. Basta echar una ojeada a las estadísticas de consumo o simplemente conocer la realidad de millones de familias españolas para concluir que tanto el Fondo como el comisario Rehn han actuado en esta ocasión con notable miopía. Estamos en una fase de la crisis, que por desgracia todavía va a durar, que requiere que no se abandone la austeridad, pero que exige que ésta se combine con políticas expansivas que animen la inversión, para lo que es imprescindible que las empresas tengan acceso a la financiación. Limitarse a recortar sueldos y subir impuestos ya no es la solución.

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