A la calle

24 de marzo 2024 - 01:00

El caso del novio de la presidenta de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, nos ha provisto de una nueva muestra de que las sesiones de control parlamentarias se han convertido en una lamentable trifulca de insidias y goyescos garrotazos que nada tienen que ver con su función institucional. Uno diría, cándidamente, que esas sesiones deben servir para controlar la acción del Ejecutivo y, ya tirando a la grande, para contribuir a la verificación del ajuste de su gestión a la Constitución. Decía un conductor de bicitaxis de La Habana: “Por el dinero no te preocupes, que dinero no hay”: pues igual con los presupuestos, no los hay; quién quiere presupuestos habiendo realities. Es este el caso de un asunto primordial convertido en algo que puede esperar. Si es asombrosa la dejación de lo principal en beneficio de la maledicencia y la camorra, más grave es que en esos careos en la casa de la soberanía popular los interpelados nunca respondan a las preguntas que se les formulan, y se queden tan anchos. Nuestro Presidente, por sistema, nunca responde a lo que se le pregunta, si es que tiene el detalle de estar en su escaño, y no delega en un pretoriano. Me haces una pregunta... y que te responda tu abuela. (¿Para qué está un presidente del Parlamento?: “Aténgase, etc.”)

Tú me dices Koldo, yo te digo Ayuso o te recuerdo al amigo gallego del fueraborda; da igual que la Justicia esté actuando en un gravísimo entramado de mascarillas, da igual que Hacienda lo esté en un expediente de fraude fiscal. Asistimos a un desprecio inmenso a la democracia, un abuso demagógico que, he ahí el horror, es perpetrado por políticos electos. La esencia de esta infame trivialidad en Cortes –“no respondo, ataco”– es que vivimos en el olvido inmediato: se nos trata como a cretinos, como a atunes atontados en la almadraba de la hipercomunicación, yonquis del narcótico de la información efímera, a tiro de móvil. Un fango que desprecia al conocimiento y al criterio. Y qué más da Begoña o la mujer de Feijóo; la verdad o la mentira. Carnaza. Los dosieres se filtran, se cocinan, se utilizan a conveniencia, con un vicio de oportunismo que produce fatiga. En estos días, es natural entonar –a quien le plazca– aquel “Cofrades, a la calle” de Angelito, el aguaor. Añorando esas manifestaciones francesas donde se aglutinaban –como diría una azafata de vuelo ignorada– “los de delante y los de atrás, los de la izquierda y los de la derecha”, personas que se manifestaban a millones por ellos y sus hijos, propongamos un “Ciudadanos, a la calle”. Que se asusten los camorristas engreídos. Y respondan a las preguntas. Están a sueldo, y a voto.

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