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La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Una catástrofe cultural

Reveladora coincidencia entre la traducción de 'Atenas y Jerusalén', de Shestov, y un artículo de Alfonso Lazo

Las personas inteligentes y con sentido ético -importante unión porque lo primero sin lo segundo conduce a la barbarie ilustrada y tecnocientífica en la que el siglo XX ha sido tan pródigo- suelen tener puntos de contacto por diferentes que sean sus creencias o ideologías. No es solo casualidad que el día en que empiezo a leer el fundamental (por ser uno de los fundamentos del pensamiento moderno) y vertiginoso (porque produce vértigo) Atenas y Jerusalén de Lev Shestov -según Savater, "la obra fundamental de uno de los pensadores más originales y potentes del siglo XX"- por fin traducido al español, 81 años después de su publicación, gracias a la editorial Hermida a la que tantos y tan buenos libros hay que agradecer; no es solo casualidad, decía, que ese mismo día me encuentre en este periódico con el artículo, tan jugoso e inteligente como todos los suyos, del profesor Alfonso Lazo: Cristianismo, ¿punto final?

Shestov fue un pensador judío influido por adhesión o discrepancia por Pascal, Spinoza, Nietzsche, Dostoievski, Tolstoi o Kierkegaard; que a su vez influyó en Camus, Levinas, Cioran, Ionesco o Savater y mantuvo fecundas relaciones con Husserl, Heidegger, Buber o Jaspers. Etiquetado insuficientemente como existencialista y filósofo de la religión, Shestov es una inclasificable bocanada de libertad, inteligencia y sensibilidad en lucha por un pensamiento más allá de los límites que la racionalidad, el positivismo y la ciencia imponen. "La ciencia ha seducido a la gente -escribió- con los bienes mundanos que la humanidad, tanto tiempo sumida en la indigencia, ha perseguido con el mismo ímpetu con el que un mendigo extenuado por un prolongado ayuno se arroja sobre el pedazo de pan que le tienden". Pero no solo de pan…

De esto, desde una óptica a la vez discrepante y coincidente, escribe Alfonso Lazo en su artículo. Les regalo su final, espléndido y necesario: "La desaparición del cristianismo en Europa no es sólo el fin de una fe, sino una catástrofe cultural. Escribe Santayana, un no creyente: 'Soy hijo de la cristiandad; mi herencia procede de Grecia y Roma, de la Roma antigua y moderna, de la literatura y filosofía de Europa. La historia y el arte cristiano contienen todas mis mediciones espirituales, mi lenguaje intelectual y moral'. Quizás, añado por mi parte, haber olvidado esto, consciente y culpablemente, explique la decadencia de la UE".

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