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rafael / sánchez Saus

Algo que celebrar

EL excelente resultado del empleo en el mes de mayo es la mejor noticia que en estos momentos podía producirse en el terreno económico. No sólo por la contundencia de la cifra, con esos casi cien mil desempleados menos, sino por el hecho de que sean ya tres los meses en que se viene produciendo un notable descenso de los parados y porque da la impresión de que empieza a mejorar la contratación en el sector de la construcción. Sin él, pese a quien pese, no es posible imaginar siquiera una reactivación de la economía española. Todo son llamadas a la prudencia y temores de que el otoño pueda devolvernos a una coyuntura de durísima recesión y nuevo crecimiento del paro, pero hoy no nos importa parecer ilusas y felices cigarras. Seguro que se cumplen esos pronósticos otoñales porque la estacionalidad es un rasgo propio de nuestra economía, tal como si estuviéramos en el siglo XVII a la espera anual de la flota de Indias que hoy es el turismo, pero si los meses buenos para el empleo empiezan a comportarse mejor de lo esperado, también podemos abrigar la esperanza de que los malos, aun siéndolo, quizá sean más misericordiosos. No tendremos que aguardar mucho para saberlo.

No queremos regatear hoy la felicitación a este Gobierno que tantas decepciones ha procurado a los que pusimos nuestra confianza en él. Ojalá, por el bien de todos, se demuestre que sus medidas sirven para dar la batalla al desempleo, pero los que le hemos reprochado no su dureza, sino su timidez y falta de arrojo, podemos afirmarnos en nuestra convicción de que las reformas pendientes aún deberían dar mayores frutos. Para ello, junto con el mal comprendido y peor comunicado freno al déficit presupuestario, insuficiente porque no ha impedido que la deuda y el gasto públicos hayan seguido escalando en 2013, tendrían que haberse hecho las de carácter social y político, incluyendo la reforma de la Administración y del Estado, que ya ni esperamos. Bastaría ahora una moderada bajada de impuestos para que una parte de la economía sumergida, esa innombrable que impide el estallido social, emergiera. Cuando alguien desea participar en una carrera es mejor que el momento de la salida le coja preparado en su sitio y no dando saltos por los alrededores. Y eso lo saben muchos pequeños empresarios y autónomos que hoy, abrasados a tasas e impuestos, no pueden ponerse en línea.

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