La comuna sevillana

Habría que clavar pasquines de este artículo por todo el centro como si fueran las 95 tesis que Lutero clavó en Wittenberg

Imaginemos una distopía en llamas que prendiera en pleno cardo máximo de Sevilla, justo donde el kilómetro cero capitalino en la calle José Gestoso. Imaginemos que los 57.068 sevillanos que resistimos en el Casco Antiguo nos levantáramos en armas contra el turismo depredador. Imaginemos que los menos de 10.000 residentes de Alfalfa, Arenal y Santa Cruz nos contagiaran su idea de alzarnos y de levantar una Comuna de resistencia armada. Sería como la insurrección parisina de 1871 o la trifulca que vivió el barrio de Gamonal en Burgos. Imaginemos un chute de revolución autogestionaria, soñadora pero posible, donde se arramblase con legítima potestad contra veladores, turistas molestos, lunas de hoteles nuevos, pisos turísticos, franquicias, vulgares comederos, tiendas de souvenirs, carritos Tuk Tuk, pelotones de guiris en bici, etc. Imaginemos que hosteleros desalmados y guías de grupos turísticos que nos coartan espacio y libertad fueran secuestrados y tomados como rehenes. Imaginemos, en fin, que el centro histórico se convirtiese en comuna en armas contra el turismo abrasador. Imaginemos que la idea prendiera en otras ciudades enfermas de venecianismo y que los gobiernos respectivos se sintieran desbordados por las insólitas revueltas.

Imaginemos ahora que dejamos de imaginar calenturientamente y que posamos los pies sobre suelo mortal. Porque, ¿qué son 57.068 sevillanos hartos y acorralados de entre el resto de más de 600.000 que no viven en el centro? ¿Les importa a los últimos el martirio cotidiano de los primeros? No, no habrá Comuna imaginaria. No intervendrá ni policía ni ejército. No será necesario el envío de drones disuasorios. Y todo porque la traición del resto de Sevilla, de Amate a El Tardón, de Valdezorras a Los Bermejales, se habrá consumado contra los mártires del casco histórico. Con mucha más templanza, lo recordaba aquí hace unos días Carlos Colón. Allá los sibaritas del centro si el gran tetamen del turismo sigue dando réditos al resto. Más veladores y turistas. Más hoteles y más cartelitos azul purísima con las iniciales AT (Apartamentos Turísticos). Todo sea por batir récords de invasión turística. Recordaba aquí también el profesor Francisco J. Ferraro que el aumento del PIB por habitante es paradójicamente menor en ciudades donde el turismo ha batido récords (El exceso del turismo como restricción al desarrollo). Turismo no es igual a riqueza. Habría que clavar pasquines de este artículo por todo el centro como si fueran las 95 tesis que Lutero clavó en las iglesias de Wittenberg. ¿Y si fuera el inicio de una insurrección real?

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