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Y se cuentan 20

Si en Madrid alguien escupe algo contra la convivencia, toda España se salpica. Cuestión de foco. O de desenfocar

Dicen los que saben que seguir, desde Sevilla, el periodismo nacional futbolero es una verdadera escuela de nacionalismo radical -modelo agravio justificado- más eficaz que el España nos roba, que tanto daño hizo. Si ganan el Sevilla o el Betis al Madrid (en el caso del Barça, andamos cortos de esa tesitura) la noticia siempre es que el equipo madrileño pierde, como si la victoria de los otros nunca fuera merecedora del laurel de la gloria. Todo lo más se concede un papel intermediario de causa de la derrota de otros, como la famosa tormenta que hundió la Gran Armada en 1588. Ya se puedan acumular copas en las vitrinas de uno y otros estadios sevillanos, que no deja de ser casi como "la suerte de la fea" (no, el refranero no es inocente y guarda a veces tenebrosas ideologías en su aspecto benigno de sabiduría popular).

Si 30 verracos - no quisiera echar más leña al, por otra parte, necesario debate, sobre la ganadería - montan una performance en Chueca, los millones de criaturas que vivimos la diversidad como una alegría y jamás como un problema, desaparecemos de la realidad. No existimos. Ya podemos tener bodas entre personas del mismo sexo a cascoporro, que los niños asuman con normalidad familias donde hay dos papás, dos mamás, un papá y una mamá, o una sola figura materna o paterna que, si en Madrid alguien escupe algo contra la convivencia, toda España se salpica. Cuestión de foco. O de desenfocar. El mismo día que el alcalde de una de las cuatro ciudades más grandes de España, y el Ayuntamiento más importante que tiene el partido del Gobierno, tomaba posesión, esta noticia no fue portada. Por contraste, ese día se comentó hasta el hartazgo la última declaración inoportuna del alcalde de Madrid. Si el "periodismo de declaraciones" tiene el riesgo de construir una suerte de para-realidad, siendo además centralista entra ya en la categoría de la ciencia ficción, un Dont Look up, sin sátira. Luego nos asombramos con las plataformas de la España vaciada. Luego nos dejará perplejos que insistan en que existen. ¿Hay que convertirse en un luznavideñoadicto para salir en los telediarios? Y mira que, hablando del alcalde de Vigo, su plan de ordenación urbana y del puerto es un ejemplo. O la sostenibilidad amable y diversa de Pontevedra. O la apuesta de Sevilla y su alcalde por la cultura como riqueza y como identidad. O muchos otros casos, muchas otras ciudades que ven -y es literal- cómo Madrid les hurta el protagonismo que merecen. Por el momento la capital de España parece haberse aficionado compulsivamente al parchís. A lo peor es que sus dirigentes tienen su escuela musical en el grupo del mismo nombre. Igual tienen que salir más, probar otras músicas, descubrir otros juegos. Por el momento se comen una y se cuentan 20. Y los demás esperando un cinco (no me hagan el chiste, sean piadosos).

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