La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

La democracia cristiana de luto

Melgarejo era uno de los grandes incondicionales de Javier Arenas, al que protegió y ayudó como a un hijo

Felipe Rodríguez Melgarejo. Felipe Rodríguez Melgarejo.

Felipe Rodríguez Melgarejo.

Se ha muerto el nazareno de la Macarena que se dirigió al que llevaba el libro de reglas, se lo arrebató, abrió las pastas, no había nada y le preguntó con alarmismo forzado dónde estaban las páginas. El nazareno portador del libro se sintió hundido, desconocedor de que el libro de verdad, con ediciones de los siglos XVI y XVIII, siempre se queda en la basílica. Felipe Rodríguez Melgarejo era el concejal, el empresario de la Holiday, el amigo y partidario incondicional de Javier Arenas, el macareno, el sevillista, el fumador de puros, el feriante de la caseta La Ventilá, el de una estética singular que se reconocía a lo lejos por sus tintes de tonalidad caoba, los pañuelos a lo Paco Martínez Soria y las carteras de mano. La muerte de Melgarejo ha generado un reguero de recuerdos imborrables. Los comités ejecutivos y las juntas directivas del PP de Sevilla tendrán para siempre un vacío. Está de luto la democracia cristiana a la que se entregó cuando las izquierdas arrasaban. ¿Quién ayudará ahora al niño Arenas, quién se dejará la piel, la hacienda y el tiempo en sacarlo adelante en su enésima aventura? ¿Quién le perdonará todo a Javié como a un hijo? Melgarejo era uno de los grandes arenistas de Sevilla. "El mejor, ha sido y es el mejor", me confesó en privado en febrero, la última vez que nos vimos en la tertulia Ágora Hispalensis en un inolvidable almuerzo con su hermano Eduardo, con José María Ferré, Ángel Moliní y otros conspicuos. Melgarejo siempre tenía sitio en la primera fila de los cónclaves del partido. Siempre junto a Arenas. Todos los presidentes provinciales lo nombraron vocal por la vía de la designación directa. Y todos se han hartado de pronunciar una frase: "Se abre el turno de intervenciones. Tiene la palabra... Melgarejo". Y Melgarejo, uno de los últimos mohicanos del PDP de Óscar Alzaga, abría los ruegos y preguntas con una intervención entusiasta, apasionada y no exenta de vehemencia. Solía cerrar Arenas con sus análisis precisos de la actualidad nacional. El apellido Melgarejo está ligado a la Sevilla nocturna de los 80 y de los 90 con la discoteca Holiday, a aquella coalición de AP, PDP, PL; a los tiempos de un cabeza de lista como fue el médico Pedro Albert y un jovencísimo concejal Arenas que en las municipales del 83 se presentó como número tres y acabó como líder de la oposición por efecto de dos dimisiones. Melgarejo era un concejal de derechas que volvió loco al alcalde socialista Manuel del Valle, con quien siempre se ha llevado más que bien. Y él volvió loco con su guasa a aquel nazareno que era... el niño Arenas. Hay quien dice que si verdaderamente hubiera perdido el libro, Melgarejo lo hubiera perdonado. Otra vez.

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