La esquina

josé / aguilar

La derrota de ETA

TIENDO a ver la botella medio llena antes que medio vacía: el comunicado de los presos etarras certifica que la banda ha aceptado su derrota definitiva. Pero no por voluntarismo ni, mucho menos, por buenismo (¿quién puede ponerse bondadoso con cualquier iniciativa de esa gentuza?). Más bien, por un análisis puramente político.

Y políticamente ETA ha sido derrotada, además de policial, judicial y socialmente. Dejó de matar por eso, porque, tras más de ochocientas víctimas e incontables sufrimientos, tuvo que tragarse el sapo amargo de que tanto crimen no les ha servido para nada. Ninguno de sus objetivos políticos ha sido alcanzado. Ni la inclusión de Navarra en el País Vasco, ni la autodeterminación de los vascos ni la independencia de la quimérica Euskal Herria con territorios que desde hace siglos son españoles y franceses... Nada de nada.

Por no conseguir no han conseguido ni la última de sus rebajadas exigencias: abandonar la violencia a cambio de la liberación de sus quinientos presos. Cierto que la banda no se ha disuelto, pero es impensable que vuelvan a los atentados. Han dejado de asesinar y los presos siguen en la cárcel (salvo los beneficiados por el fallo contra la doctrina Parot, que ya llevaban muchos años en prisión y cuya salida es más fruto de un error del Estado democrático que de una imposición de los terroristas). No están en condiciones de exigir nada para los que continúan encarcelados, con condenas firmes y duras. Sólo han podido levantarles la prohibición de someterse a los procesos de reinserción individual, como los demás reclusos y si cumplen requisitos legales que no son pactables. Uno a uno, sin negociar nada. Cierto: lo van a gestionar sin auténtico arrepentimiento, orgullosos de lo que hicieron, jaleados como combatientes en sus pueblos. Pero con la cabeza gacha de los vencidos. Con una jactancia criminal que, repito, constituye un problema más moral que político.

No olvido el escollo principal para el optimismo: los cómplices políticos de ETA están en las instituciones, y algunos de los asesinos mismos serán pronto concejales o diputados si un sector de la población vasca comulga con sus ideas aberrantes y retrógradas, que creo que comulgará. Ahora bien, lo serán sin matar ni coaccionar, sin mermar la libertad de los demás, y tras cumplir las penas por los delitos que cometieron. Indignante para sus víctimas, tristísimo para todos. Pero no gracias a sus crímenes. Han perdido.

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