La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

Los dolorosos traspiés de Imbroda

Ciudadanos ofrece una imagen estrepitosa en una Consejería llamada a ser uno de los estandartes del cambio

La Consejería de Educación debería ser una de las grandes joyas de la corona de la actual Junta de Andalucía, la instancia desde la que evidenciar el cambio andaluz como desde ninguna otra. Ciudadanos puso al frente de ella a Javier Imbroda, una apuesta personal de Albert Rivera. En el comienzo de curso más delicado en la historia de la autonomía andaluza, llevamos cuatro delegados territoriales en año y medio en Sevilla. El último ha durado menos que Albino Luciani en el Vaticano. Imbroda es ya un fracaso, un doloroso fracaso para el gobierno andaluz, para los anhelos de cambio y, una vez más, para la marca que debía encarnar la nueva forma de hacer política, pero que ha cogido con suma rapidez los vicios de la vieja. Imbroda quizás pecó de creer que gestionar una Consejería tan importante consistía en elegir unos cuantos deportistas como si de una formación de baloncesto se tratara.

En su día recurrió al economista Luis Garicano para montar el organigrama. Garicano impuso a Marta Escrivá como viceconsejera, visto quizás el desconocimiento de Imbroda sobre asuntos políticos. Escrivá había sido la portavoz de Educación durante cuatro años en el Parlamento andaluz. Su experiencia laboral como docente la convertían en idónea para el puesto. Pero el glotón Marín no tardó en entrar en juego. El sanluqueño siempre ha visto a Imbroda con recelo, puesto que Marín prefería a su amigo José Antonio Funes para el cargo antes que a un entrenador de baloncesto. Y es posible que el señor de las torrijas tuviera hasta razón. Mejor alguien que sepa en qué consiste la docencia que alguien que tal vez sólo la conozca en su vertiente como negocio. Alguna empresa de Imbroda ya ha generado titulares poco adecuados cuando se está en la gestión de presupuestos públicos. Sin embargo, Imbroda sigue ahí, está adaptado a la ciudad y continúa en la dirección nacional de Ciudadanos. Ahora está aliado con Marín, aunque el de Sanlúcar le ha ido segando la hierba no le fuese a disputar el puesto.

El entrenador de baloncesto ha ido haciendo limpieza en la Consejería. Ha quitado a profesionales del sector de la educación para poner -como ellos mismos dicen- a amigos y a familiares de amigos. ¿El resultado? Ahí lo tienen: destituciones y dimisiones, titulares bochornosos y una imagen desastrosa de la Consejería. Lo peor es que Imbroda sabía a qué se exponía con el nuevo delegado y, a pesar de todo, apostó por su nombramiento. ¡Debe ser que es muy honda la amistad que se forja en el baloncesto! Don Javier, disfrute de su habano en la noche sevillana y piense si le merece la pena... Ha sido un ridículo. Un espectáculo. Y no ha terminado.

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