La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Lo que enseñan los Reyes Magos

Que los Reyes Magos existen es una realidad que abre el corazón a un amor sin límites

Desde que el Ateneo ponga hoy la Cabalgata en la calle hasta que mañana se abran los regalos nos jugamos mucho. Tal vez, lo más importante. ¿Los Reyes Magos existen o son una hermosa mentira que algún día será descubierta? ¿La ilusión con la que los niños se duermen hoy y la alegría con que se despertarán mañana se convertirá en decepción cuando lo que dicen que es la realidad deshaga esta ilusión? ¿Engañan los padres a sus hijos, aunque sea con la mejor de las intenciones? ¿La infancia es feliz ignorancia e inocente credulidad y la madurez lúcida decepción? ¿Crecer es perder la inocencia, madurar obliga a renunciar a las ilusiones, lucidez es cierre de horizontes? ¿Todo lo que no se puede pesar, medir y tocar carece de verdadera existencia, es invención o mentira? Y si es así, ¿el Niño al que los Reyes adoraron y el Hombre Dios que fue después son también, como ellos, una mentira? ¿Los creyentes viven en una especie de interminable y crédula minoría de edad? ¿Creencia equivale a credulidad y madurez a increencia?

Todo esto nos jugamos esta noche y mañana. Y todos los días y todas las mañanas porque, como decía el mío, el oficio de padre no tiene jubilación. Hacerles saber a nuestros hijos, si es posible mejor con obras que con palabras, que los Reyes Magos existen es una de las tareas más importantes de esta vida. Porque lo que se les desvelará como verdad no supone una decepción, sino algo aún más hermoso que su ilusión niña: los Reyes Magos existen, son el amor que los padres tienen a sus hijos. Y ahí puede quedar la cosa si los padres no son creyentes: la realidad del amor sustituyendo a su símbolo.

En el caso de los creyentes se va mucho más lejos: los Reyes Magos existieron, no son criaturas fabulosas o mitológicas, y llevaron sus tres regalos al portal del Belén; y porque existieron existen, porque lo que ha nacido vive para siempre como nos muestra y enseña esa mujer llamada Esperanza Macarena; y en nombre de aquellos Magos que hoy viven ante Dios se perpetuó la costumbre de hacer regalos a los niños el día de Epifanía, que en Sevilla tiene rostro reconocible de hombre y nombre propio: Gran Poder. Y estas son sólidas realidades más verdaderas que eso a lo que comúnmente se llama realidad. Realidades que abren el corazón a un amor sin límites y la vida a un horizonte de eternidad.

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