mujeres invisibles

carmen G. Frigolet

El envés de los diseños de Balenciaga

ANTES de la despedida, guardó sus pertenencias y cerró la maleta. Al menos sus recuerdos continuarían el viaje. Pilar Ayarza falleció en Barcelona sin descendencia. Nadie familiar con quien compartir sus primeras puntadas como modista en un edificio de la calle Santa Teresa. En un ir y venir de chicas y coches de lujo en pleno franquismo. Ese ajetreo era la comidilla en la zona alta de la ciudad. Sólo las damas más selectas sabían que allí se escondía el taller de alta costura Eisa, diminutivo del apellido materno del diseñador Cristóbal Balenciaga. Pilar se dejaba las horas cosiendo en el taller. Balenciaga rara vez aparecía por el salón, salvo en época de desfiles. Su presencia dejaba sin habla a su centenar de costureras, quienes le idolatraban en exceso, rendidas ante esa mezcla de carisma, misterio y talento. Incluso completaban un álbum con fotos y recortes de prensa sobre el modisto guipuzcoano, un amor imposible.

Las mujeres de Balenciaga se ceñían a diario a las estrictas reglas de la casa de modas. Entrar un minuto más tarde de las ocho menos cuarto suponía perder el sueldo del día. Y restarlo del salario de las 165 pesetas semanales. Difícilmente podían vestir sus propias creaciones para la firma, si un traje de chaqueta no bajaba de las 7.000 pesetas. La osadía de copiar una prenda de temporada les costaba el despido. Lo que no impedía las carreras furtivas al lavabo para calcar patrones y esconder entretelas con las que confeccionar el ajuar. O salir a hurtadillas a casa de las clientas para coserles algún conjunto más, a una décima parte de su valor real, y ganarse así un sobresueldo.

Un día de abril de 1951, Pilar Ayarza confiaba estos secretos a su diario personal. Décadas después, al abrir una valija olvidada en un piso de alquiler, su testimonio revivió en manos de la diseñadora Fiona Capdevilla y la pintora Rosa Solano. Ambas hilvanaron esta desconocida historia para recuperar la dedicación y maestría de creadoras anónimas a la sombra del genio.

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