Alto y claro

José Antonio Carrizosa

El factor Torrijos

SEVILLA, ciudad de dualidades por excelencia, da demasiadas veces la impresión de que tiene dos alcaldes: el que salió elegido gracias al pacto de gobierno entre socialistas e Izquierda Unida y el que desde la primera Tenencia de Alcaldía y la portavocía de este último grupo condiciona la vida de la ciudad con actuaciones más o menos demagógicas y pulsos absurdos que, además, no suele perder. Alfredo Sánchez Monteseirín y Antonio Rodrigo Torrijos forman un dúo inestable que proyecta una imagen que no le hace ningún favor al gobierno de la ciudad. Torrijos, liberado sindical desde hace décadas y personaje que en muchos pronunciamientos y actuaciones evoca el baúl de los recuerdos del leninismo más ortodoxo y caduco, parece empeñado en tirar piedras contra su tejado y ponerle difícil a los socialistas su continuidad en el sillón de la Alcaldía más allá de 2011. En contra de los que piensan que el radicalismo del primer teniente de alcalde terminará perjudicando a IU y dando votos a los socialistas, yo creo que su influencia sobre la imagen que proyecta el gobierno municipal es altamente perniciosa. Va a hacer que muchos electores socialistas tibios, que nunca votarían al Partido Popular, acaben refugiados en la abstención desengañados con la actuación municipal. De ahí la atención, muchas veces desmesurada, que la derecha sevillana, en general, y Juan Ignacio Zoido, en particular, proyectan sobre este peculiar personaje. A veces, por motivos tan nimios como las paridas sobre el solsticio de invierno o la polémica sobre dónde ensaya una banda de cornetas y tambores. Otras, con razones más serias, como el uso de fondos públicos para algunas acciones de cooperación con regímenes dictatoriales o la imposición de carriles bici en lugares donde, más que ayudar, estorban. Sea por estas causas o por otras añadidas, que sería demasiado prolijo analizar aquí, lo cierto es que el factor Torrijos es hoy un elemento clave en el devenir de la política municipal. No es arriesgado afirmar que el edil de IU se ha convertido en el malo oficial de Sevilla. Eso quizás le convenga a él para conservar sus valiosísimos 25.000 votos, que en 2007 fueron la clave, pero no le conviene ni a la imagen de la ciudad ni a la de su alcalde, que da la impresión de absoluta falta de capacidad para controlar los excesos de su socio.

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