Memoria Democrática La Macarena cumplirá "escrupulosamente" la nueva ley para exhumar a Queipo

Gafas de cerca

Tacho Rufino

jirufino@grupojoly.com

Al final de año, ya si eso

La factura de la luz es muy tributaria: es el saco de demasiados flotadores de los Presupuestos

El buen deudor, o paga cuando toca, o avala su roncha con un fiador solvente. El mal deudor, no paga. Sobre todo, si promete cancelar su deuda en un futuro indefinido y con la garantía de la palabra (que lo es todo, o nada). Todos hemos sido a lo largo de nuestra vida deudores y acreedores: de una administración pública o un banco; de un allegado. Casi nada hay más incobrable que una deuda que se va postergando. No pocas veces, quienes toman y dan a crédito saben que no pagarán o no cobrarán. Esta semana hemos recibido una promesa de nuestro máximo gobernante, y una petición de crédito político asociada.

La factura de la luz es muy tributaria: es el saco de demasiados flotadores de los presupuestos. No es tanto el enigmático mercado mayorista -y sus ajustes instantáneos de oferta y demanda- nuestro castigador como usuarios, sino que lo son los peajes públicos que suponen la mitad de lo que pagamos cada uno o dos meses sin remisión, con un IVA inclemente. Y sobre todo castiga a las economías domésticas e industriales nuestra condición deficitaria: importamos cerca del 75% de la energía que consumimos.

Lo que no vale es prometer un futurible sin mayor fundamento. Por una doble razón. Primera, porque un programa electoral se comprometió a hacer lo que no iba a poder hacer, y ni siquiera hablamos de los socios minoritarios del Gobierno, Podemos. Segunda y sintomática razón, porque el jefe del Ejecutivo declaró anteayer en primera plana de El País que "cuando acabe 2021 se habrá pagado de luz lo mismo que en 2018". "Ya si eso", que diría José Mota. Dice la primera frase del reportaje que "la mayor preocupación del presidente del Gobierno es la factura de electricidad". Vale.

Nos informan a diario y con ahínco -unos por aquí, otros por allá- sobre el recibo de marras, como si hablaran de la cotización del café en el mercado de Chicago o del mercadeo de la lonja La Coruña. No nos llega la camisa al cuello: "Esta tarde el precio de la luz será el más alto del año", no sé cuántos euros por megavatio/hora. Un indicador que casi ninguno entendemos bien. Y es fabuloso que se nos asegure con prosopopeya que a final de año esto se ha arreglado: las gallinas que entran por las que van saliendo, también por Mota. ¿Nos acordaremos, los ciudadanos mareados, de exigir ese compromiso, esa deuda política, u otras de ocasión la enterrarán? Tanto se promete a conveniencia del momento. Es la trivialidad que vivimos.

Sin mermar los ingresos públicos, no habrá electricidad más barata.

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