La esquina

josé / aguilar

Lo más grave: CiU rompe con CiU

LO más grave de la situación política creada tras la abdicación del Rey no ha sido la evidencia de la chapuza nacional al constatar que no se había legislado nada al respecto en 37 años de democracia. Ni el rebrote de un republicanismo radical que, ciertamente, ya había sido bien espoleado por la Familia Real en los últimos años. Ni las formas abruptas y extrajurídicas que ha adoptado la exigencia de un referéndum sobre monarquía o república.

Lo más grave ha sido la ruptura del nacionalismo catalán moderado (habría que decir desde ya "ex moderado") con el consenso constitucional de 1978, al negarse a respaldar una de sus consecuencias más lógicas (la sustitución del rey Juan Carlos por su hijo Felipe) absteniéndose de votar la norma que la regulará (ley de abdicación). Se podría decir que Convergència i Unió (CiU) rompe en realidad consigo misma. No Unió con Convergencia, que este Duran Lleida ha demostrado una vez más su brillante oportunismo y su interesada cobardía. Sino CiU con la propia CiU, con una historia de moderación, pragmatismo y pactismo que ha sido citada muchas veces como ejemplar.

Es lo que correspondía, y hubiera correspondido también en esta coyuntura, a una organización política representativa de las clases medias de Cataluña, instrumento de la burguesía nacional desde su apogeo como clase y portavoz del empresariado más dinámico y bien encajado en el mercado español. Una organización que desde la transición ha contribuido a la estabilidad de la España democrática -bajo la monarquía parlamentaria- y ha ayudado a hacer más gobernable el país, logrando, por cierto, del PSOE y del PP sucesivamente, contrapartidas que ninguna otra comunidad autónoma, excepto el País Vasco, ha podido disfrutar en estas tres décadas.

Todo esto se ha ido al garete gracias a la infinita torpeza y la temeridad del señor Artur Mas, obcecado en su huida hacia el abismo (el abismo de Cataluña y el perjuicio de España). Ha seguido lacayunamente la hoja de ruta marcada por Oriol Junqueras y ha puesto el destino de la formación política vertebradora de Cataluña en manos de un partido antisistema que lo devorará en la noria vertiginosa del secesionismo. Al abstenerse en la abdicación del Rey se ha colocado cerca de ERC, que votará en contra, y lejos de los partidos nucleares del sistema democrático. Lejos, sobre todo, de la CiU de treinta años. De sí misma, en fin.

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