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La lluvia en Sevilla

El gusto de editar

La edición en Sevilla es un valor que no sé yo hasta qué punto apreciamos y destacamos

Hace unos días, Javier González-Cotta me adelantaba, pantalla a través, el nuevo número de Mercurio, la revista de la que es editor. Abrir esta publicación se parece mucho a entrar en una confitería fina, todo se me apetece. El gusto de editar de unos es el placer de disfrutar de las publicaciones de las lectoras y lectores. El paseo por las páginas de Mercurio me llevó a pensar en una evidencia constatable: la edición en Sevilla es un valor que no sé yo hasta qué punto apreciamos. Así al bulto se me vienen a la cabeza cerca de 20 editoriales, que dan a la luz catálogos de referencia nacional e internacional. De aquí salen colecciones de poesía como las de Renacimiento, o Vandalia, o la creada más recientemente Maclein y Parker, por las cuales pasa lo más destacado del género; Barrett ha protagonizado en 2020 el fenómeno editorial del año -Panza de burro, de Andrea Abreu, vaya usted a saber los ejemplares que lleva vendidos-, y Libros de la Herida nos acaba de ofrecer, por primera vez en España, la poesía completa de Antonio Otero Seco, autor, entre otras muchas cosas, de la primera novela de la Guerra Civil y de la última entrevista a Lorca. El Paseo no para de darnos alegrías.

Juan Ramón Jiménez tenía claro que prefería no publicar a hacerlo malamente, y esa misma preferencia la comparten la mayoría de las editoriales sevillanas. El libro, a diferencia de otros objetos, tiene un aura que, o se cuida o deja de llamarse libro y hasta de interesar su lectura. Esto, la tradición editorial sevillana lo sabe. Cuida los tipos, los papeles, el diseño de portada, las ilustraciones, cómo mancha el texto... La extinta Metropolisiana era sonada por esto mismo. Pero no se limita a los libros este gusto por editar, que se me antoja heredero de los papeles de Grecia o del Mediodía. Todo tipo de hojillas, revistas, pliegos se han tirado en esta ciudad, desde Los Cuadernos de la Roldana o Rara Avis, pongo por caso, a Padilla, a las cuidadas postales de La Carbonería, en las que se pueden leer poemas de los grandes autores que son pilares de esa casa… En el callejón más desconocido de Triana, los editores de Colombre editan sencillamente porque no pueden y no quieren evitarlo.

En estos tiempos de La Pequeña Bestia, he tenido muy presentes a quienes dedican su vida y sus ahorros a editar en Sevilla, en especial a quienes han arriesgado fuerte en este oficio, aún tan riesgoso y artesano, de editar libros buenos en fondo y forma. Algunos brillantes editores no han descartado la idea de echar el cierre. Conocen la noción de incertidumbre. Y no han dejado de luchar. Pocas ciudades de España gozan de un plantel editorial como el de Sevilla. Me pregunto si ello se valora, cuida, apoya, agradece y destaca lo bastante. Ustedes tienen la respuesta.

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