La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Así se hacen las cosas

Sonó Morricone en el homenaje nacional con el que Francia se despidió de Belmondo

El homenaje nacional con el que Francia se despidió de Belmondo hizo que sintiera envidia de ese país. Así se hacen las cosas. La crónica de Le Monde decía: "Francia rinde un homenaje nacional a Jean-Paul Belmondo, leyenda del cine cuya muerte ha suscitado una fuerte emoción. La ceremonia, a la vez solemne y popular, tuvo lugar en el patio de Los Inválidos donde el presidente de la República, Emmanuel Macron, pronunció un elogio fúnebre... La víspera 4,2 millones de telespectadores vieron El profesional en France 2… La muerte de Bébel [popular apodo de Belmondo] señala el fin de una época triunfal del cine francés, electrizado a la vez por la audacia de la Nueva Ola y por las estrellas atrayendo millones de fans a las salas".

Cierto. El cine francés se distinguió desde los años 20 por triunfar en los frentes de las vanguardias y el cine de autor, y en el comercial. Creando a la vez un panteón de maestros que va de los años 20 y 30 -Renoir, Carné, Vigo, L´Herbier, Gance o Clair- a los 50 y 60 -Melville, Bresson, Godard, Truffaut, Rivette- y, nacido de él pero también del cine comercial popular, un estrellato de proyección internacional que va de Arletty, Barrault, Annabella, Gerard Philippe, Michèle Morgan o Jean Gabin a Jeanne Moreau, Yves Montand, Simone Signoret, Alain Delon, Brigitte Bardot, Lino Ventura o Catherine Deneuve. Un estimulante ir y venir de lo más creativo a lo más popular. El adiós a Belmondo -intérprete del símbolo más radical de la Nueva Ola con A bout de souffle y de algunas de las películas más populares de los años 60 y 70- lo era también a este cine.

Por eso para Le Monde esta ceremonia a la vez solemne y popular simbolizaba el fin de una edad de oro de audacias creativas y de brillo de estrellas que llenaban las salas. No es casual que la Orquesta de la Guardia Republicana interpretara la canción Chi mai que Ennio Morricone compuso en 1971 para Maddalena y reutilizó, junto a nuevos temas, en 1981 para El profesional, una de las películas más populares de Belmondo. No hubiera estado de más que, para representar este rico carácter dual del cine francés, también hubiera interpretado el hermoso, elegante y melancólico Tema de Ferdinand que Antoine Duhamel compuso para Pierrot el loco. Hubiera sido el retrato musical perfecto de Belmondo y de esta convivencia, tan francesa, entre lo más creativo y lo más comercial.

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