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Rafael Padilla

El héroe equivocado

EN mala hora se le ocurrió al cívico Jesús Neira dejarse llevar por su bonhomía y terciar -jugándose la vida y casi perdiéndola- en la disputa entre Violeta Santander (esa señora que ahora le reprocha su impertinencia) y su presunto maltratador, el santo, según su aparente víctima, Antonio Puerta. En este mundo descabellado, aunque frente a tus narices le estén pateando el estómago y la dignidad al prójimo, uno debe sopesar despacio ventajas e inconvenientes, reflexionar sobre la propia aptitud para ser aceptado como modelo por la ortodoxia y abstenerse de actuar si hubiera algo en su currículo que pudiera irritar al régimen.

Neira ha cometido, además, dos errores imperdonables: el de sobrevivir, una inconveniencia y un engorro que complica una historia que apuntaba a perfecta; y, para colmo, el de aceptar la presidencia del Consejo Asesor del Observatorio Regional de Violencia de Género, a propuesta de la pérfida Esperanza Aguirre. Ambos han tenido el efecto fulminante de azuzar a la jauría ultraizquierdista e hipermegacorrecta, en busca de la sangre derechosa y repugnante de quien, por definición y por decreto, está incapacitado para realizar actos puros de bondad.

El fuego lo abrió Enric Sopena, periodista de conocida ecuanimidad que, tras buscar en su pasado (en el de Jesús, porque el de Enric se guarda celosamente entre los más secretos del país) y al hilo de sus, para él, "erráticas" ideas, pronunció la sentencia fatal: Neira no es un demócrata, pertenece a la subclase de los que se autodefinen como liberales y, en consecuencia, no merece aprecio ni reconocimiento ninguno.

Aun así, por el momento, la andanada más abracadabrante se la debemos a Beatriz Gimeno, miembro (o miembra) de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales: Neira -ella nos lo descubre por si hubiera logrado engañar a alguien- es un "machista de los de antes", que se atreve a pedir "deferencia" para con la mujer y omite el dogma de la igualdad. Un monstruo, oiga, al que cuatro bobos apresurados han convertido en paladín sin certificar primero su inmaculado expediente progresista.

Tiene razón Almudena Negro cuando destripa la lógica de semejante denuncia: "No se puede permitir que los ciudadanos sospechen que esos de la derecha, a la que tanto ha costado cosificar, son personas, algunas buenas y, como sucede en la izquierda, otras malas". Al enemigo ni agua, y a ver si ahora vamos a flaquear encumbrando a un cavernícola, por mucho que se descuelgue perpetrando gestos de nobleza infinita.

Y en esas andamos, vejando al héroe y regalándole minutos televisados de cariño y de apoyo a la pareja "molestada". Una actitud, por otra parte, absolutamente lógica en el gigantesco manicomio en el que hemos convertido esta España nuestra, tan orgullosa ella de su memez, de su cainismo, de sus absurdos y de su iluminadísima ceguera.

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