Un hotel junto a las 'setas'

Los turistas tienen el lujo de residir donde antes hubo dominicos, una sombrerería o un grupito de okupas

La apertura de hoteles en el centro de Sevilla tiene partidarios y detractores. Aunque se muden vecinos a la periferia y entren más turistas en el casco antiguo, también es cierto que gracias a los hoteles se salvan edificios en peligro. Un reciente ejemplo es el hotel Casa de Indias, abierto en febrero, en la Encarnación. Está gestionado por la empresa hotelera Intur, de la familia Gimeno, de origen castellonense, que apostó por otros hoteles en edificios históricos, como el Palacio de San Martín en el centro de Madrid. La obra que han realizado en su hotel boutique de Sevilla, con 61 habitaciones, ha devuelto la vida a un edificio que llegó a ser okupado durante un tiempo. Lo mismo que va a ocurrir con la antigua Vilima, que era otro edificio fantasma.

Sin esos proyectos de hoteles (y otros parecidos), probablemente esos edificios se vendrían abajo o seguirían abandonados. La turismofobia ha estigmatizado la apertura de hoteles, mientras edificios como la antigua comisaría de la Gavidia siguen ofreciendo una imagen bochornosa, en el cogollo de la ciudad histórica, a la espera de que concreten su recuperación.

De todo eso se ha librado el hotel de la plaza de la Encarnación. Ubicado junto a las setas, de Mayer, pero aportando la recuperación de un edificio regionalista, como otros que sucumbieron. Una obra realizada por el estudio OA110, de Ignacio Toribio y Alberto Toscano, que incluye vestigios de otros tiempos. Entre ellos, muros de ladrillo y arcos del patio del antiguo convento de Regina Angelorum, donde predicó Molina. El convento, que se fundó en el siglo XVI, fue desamortizado en 1835. El templo se mantuvo hasta el derribo en la revolución Gloriosa de 1868. Aunque sobrevivió la capilla del Rosario, que finalmente cayó en 1905 y cuyo retablo se adaptó a la actual capilla de la Real Maestranza. La Encarnación de ahora es el resultado de diversos derribos y barbaridades. Apenas se parece a lo que existió. Pero una parte de lo nuevo que iba surgiendo, como el edificio regionalista de este hotel, también se convertía en histórico.

El hotel Casa de Indias, según su directora, Estrella Rodríguez, está teniendo una ocupación muy alta, sobre todo turistas extranjeros con poder adquisitivo, de origen norteamericano, francés, alemán, etcétera. Es decir, el tipo de turista que gusta al alcalde, Juan Espadas. La mejoría de la oferta hotelera es fundamental para captar a esos turistas, que tienen el lujo de residir en un lugar donde antes hubo frailes dominicos, una sombrerería o un grupito de okupas. Y de ver la cubierta de las setas, a su altura, desde la terraza.

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