Tomás garcía rodríguez

Doctor en Biología

El ser humano ante las fuerzas naturales

Sevilla no presenta riesgo de vulcanismo, pero sí pertenece a una zona sísmica

El universo mantiene su propia evolución y sus normas desde el inicio de su formación, hace unos catorce mil millones de años. El ser humano -Homo sapiens- solo tiene unos trescientos mil años de existencia, y comienza a cultivar plantas, a domesticar ganado y a levantar casas estables hace unos diez mil, tiempo inapreciable en comparación con la edad de la Tierra, que se estima alrededor de unos cuatro mil quinientos millones de años. La destrucción de viviendas por la erupción de un volcán o por la avalancha de aguas no es achacable exclusivamente a procesos naturales, también a aquellos que permiten y promocionan construcciones en terrenos donde no deben erigirse. No es conveniente levantar edificaciones en antiguos cauces de ríos y en otras zonas sensibles que son reclamadas antes o después por la naturaleza, la cual nos recuerda cuáles son sus espacios propios, que son todos...

El sur de España, y por ende Sevilla, no presenta riesgo cierto de vulcanismo, pero sí pertenece a una zona sísmica donde se pueden originar terremotos y tsunamis catastróficos debido a la proximidad de la línea de choque entre las placas tectónicas africana e indoeuropea. En la capital, están registrados movimientos sísmicos de alto impacto con muertes, derrumbe de casas, de iglesias... Uno de los más destructivos ocurrió en 1356, con epicentro en el cabo de San Vicente, que provocaría la caída de las cuatro bolas doradas -yamur- del ápice del alminar de la mezquita-catedral, la futura Giralda. Un seísmo de gran intensidad con epicentro en Lisboa afecta a Sevilla en 1755, cuyo recuerdo se mantiene en el monumento al Triunfo que se levantaría en la plaza del mismo nombre. El cimborrio de la Catedral hispalense se derrumba en 1511 y en 1888 por la acción de diversos temblores. El subsuelo sedimentario blando de la vega del bajo Guadalquivir desacelera la propagación de las ondas sísmicas, pero amplifica los efectos locales.

La Ciencia enseña que la Tierra es una mota en el cosmos, imperceptible en el entramado de las galaxias, y el ser humano un animal con capacidad de comprenderlo. Nada somos ante tanta inmensidad, aunque la arrogancia, la prepotencia y la ambición estén equiparadas a nuestra ignorancia. Es conveniente recapacitar, pensar en la grandeza del universo y en la pequeñez humana, pues no somos dioses, solo acólitos de unas fuerzas naturales que hay que respetar y no afrentar. No nos dejemos llevar por cantos de sirena que conducen a la desunión, a la tristeza y al olvido de nuestro lugar en el mundo. Si partimos de la humildad y del convencimiento de nuestra verdadera identidad, avanzaremos, seremos mejores, más solidarios, más humanos...

"Tal vez no hay mejor demostración de la soberbia humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Subraya nuestra responsabilidad de tratarnos entre nosotros de forma más amable y compasiva, y de preservar y querer a ese punto azul pálido, el único hogar que hemos conocido" (Carl Sagan).

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