Opinión

Fernando Otero Alvarado

Un juez valiente y necesario

HACE ya unos tres años, una feminista sensata, luchadora, honesta, "musa de la transición" para más señas, a la que siempre he apreciado y profesado admiración, me atendió con extraordinario afecto al demandarle Amparo, impotente y desesperado, víctima de una normativa que discrimina por razón de sexo, con terribles efectos para padres e hijos.

Hoy en día, no obstante, tras leer sus recientes artículos, esta política de raza, siempre genio y figura, me aparece desfigurada, supongo que víctima de un ensimismamiento propio de grupos radicales, encerrados en su propia ideología, incapaces de aprender del que opina diferente, y con el poder de los que disponen, para su causa, de millones de euros de los presupuestos públicos y, por lo tanto, gran influencia mediática, lejos de la que tiene un sencillo juez de familia de Sevilla.

Los argumentos con los que se ataca al juez Serrano son pura demagogia. De las muertes de mujeres y hombres son culpables, en primer lugar, sus asesinas y asesinos. Y, si hay que señalar a alguien más, es a los responsables de aplicar unas políticas que se han demostrado ya peor que ineficaces. La mujer que sufre verdadero maltrato, denuncie o no, continúa desamparada e indefensa ante su agresor y, por otra parte, animar a denunciar hasta la extenuación -incluso por meras desavenencias cotidianas de pareja-, eliminar la presunción de inocencia, y otorgar privilegios arbitrarios a las mujeres, tan sólo ha conseguido generar nuevas y aberrantes situaciones de injusticia.

Argüir además que, el hombre que sufra denuncia falsa, denuncie la misma y asunto arreglado, no es ignorar la realidad del problema, es no querer verla. La mera denuncia de una mujer sobre un hombre, muy a menudo, supone privación inmediata de libertad, expulsión de su propia casa, separación de sus hijos durante meses y años, estigmatización social como maltratador, y en ocasiones, pena de cárcel con la única prueba del testimonio de la mujer. Casi nada. Como para que te queden energías para otra cosa que no sea recuperar el contacto con tus pequeños.

Señoras, muchas son las voces, y muy conocidas y autorizadas, de jueces y otros profesionales que ya se han pronunciado públicamente en apoyo a Francisco Serrano. Es más, lo que este magistrado ahora representa lo ha creado el feminismo instalado en el poder, al ignorar deliberadamente un maltrato institucional sistemático y "una vulneración de derechos fundamentales que repugna", en boca de otra conocida juez de Barcelona, de hombres y niños. Obstinarse en su cerrazón les podrá servir para seguir repartiéndose millonarias subvenciones, pero no para erradicar el maltrato ni las muertes en el ámbito doméstico.

Las invitamos, una vez más, a que dejen de negar la evidencia y afronten las nuevas situaciones de abuso, de mujeres sobre hombres, que ustedes han propiciado. De esta forma, no hará falta un juez valiente que, por humanidad y vergüenza torera, tenga que emplear sus energías, su tiempo libre, en la defensa de los más desprotegidos, soportando además insultos, intimidaciones y censuras, por su parte, señoras, esas sí, propias de la dictadura de Franco.

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