La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

El largo eco del nazismo

Los médicos nazis justificaban el exterminio de enfermos y discapacitados porque para ellos no eran seres humanos

En la introducción de su extraordinario, riguroso, escalofriante y aleccionador La ley de la sangre. Pensar y actuar como un nazi (Alianza), que les recomiendo sin dudarlo, el historiador francés Johann Chapoutot abre su ensayo sobre los mecanismos que lograron "que una sociedad entera, culta, patria de filósofos, músicos, premios Nobel… se viera atraída y secundara tal régimen de terror" con un siniestro relato. En 1945, las tropas de ocupación británicas llevaron ante la Justicia a 18 médicos del hospital pediátrico de Rothenburgsort, acusados de haber asesinado con inyecciones letales a 56 niños que consideraban enfermos. En 1949, un tribunal de Hamburgo dictó un auto de no ha lugar y quedaron libres y en disposición de ejercer la medicina. Los argumentos de los médicos y sus defensores para negar que hubieran cometido un crimen contra la humanidad fueron sintetizados por el director del hospital: "Semejante crimen sólo puede cometerse contra los hombres, mientras que los seres vivos a los que nosotros debíamos tratar no pueden ser calificados de seres humanos". También se manejó este otro argumento: "La eliminación de las vidas indignas de ser vividas aparecía en la Antigüedad clásica como una evidencia. No cabe arriesgarse a afirmar que la ética de un Platón o de un Séneca, que defendieron esos puntos de vista, es menos elevada que la del cristianismo". Concluye Chapoutot: "Médicos y juristas comparten la misma cultura y los mismos puntos de vista: la biología como única ley, con el aval de los antiguos, contra normas ulteriores, hostiles a la vida".

Cinco años más tarde, en 1964, otro pediatra que había colaborado en el programa Aktion T4, responsable del exterminio de más de 275.000 discapacitados, y que en los años 50 y 60 fue un firme defensor de la eugenesia y la eutanasia, se indignó cuando un periodista le argumentó que la pena de muerte estaba abolida en Alemania, diciéndole: "¿No se da usted cuenta de que los jurados, cuando se pronuncian sobre algo, siempre juzgan a hombres, aunque se trate de criminales? En este caso, no estamos hablando de seres humanos, sino de seres que simplemente fueron procreados por hombres, pero que nunca llegarán a ser hombres dotados de razón o de alma. El médico y el Estado deben intervenir por pura humanidad con el fin de evitar sufrimientos inútiles a los enfermos, a las familias y a la comunidad". ¿Les suena?

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