Tomás garcía Rodríguez

Doctor en Biología

La luz de las mimosas

Existen naturalizadas en la Península una docena de acacias de la subfamilia de las mimosas

Cuando el paisaje de las tierras andaluzas aún no se ha desprendido de su manto gris y las golondrinas comienzan a regresar a sus antiguos nidos, se puede vislumbrar en zonas campestres el resurgimiento de la vida plena al florecer las mimosas y emerger las primeras pinceladas de su luz vibrante. Existen naturalizadas en la Península una docena de acacias pertenecientes a la subfamilia de las mimosas, procedentes de diversas regiones tropicales e introducidas en Europa a comienzos del siglo XIX, las cuales se cubren temprano con el manto sinfónico amarillo-dorado de sus flores globosas arracimadas. Sobre ramas a veces espinosas que semejan protección y desafío, sus delicadas hojas muestran una sensibilidad de indefinible inocencia, pues pueden plegarse cándidamente durante la noche y algunas como respuesta al contacto humano; de ahí les viene el nombre común, derivado del vocablo latino mimus, que alude a su contracción o mimo. Son arbolillos de fragancia suave y de una embaucadora atracción, con un amarillo magnético que ha inspirado a poetas y artistas, como siente Vincent van Gogh: "El color que tiene el oro, el limón, la miel y el azafrán".

De los trópicos vinieron para hermosear nuestro suelo y, aunque varias especies sean catalogadas invasoras por su gran capacidad de colonización, convendría aceptarlas como fieles luchadoras contra oscuridades y somnolencias invernales, como luminoso consuelo. No se las considera extrañas y son veneradas desde tiempos remotos en la Riviera francesa, existiendo una Ruta de las Mimosas -de ciento cuarenta kilómetros- entre las bellas localidades de Bormes-les-Mimosas y Grasse, en la cual pueden contemplarse múltiples variedades durante un fascinante recorrido. En estas tierras provenzales se festeja la floración anual de una planta que simboliza espiritualidad y amistad, buena ayuda para trascender de este mundo vanidoso y superficial. Están ausentes de calles y parques históricos de la ciudad hispalense, siendo posible contemplar una de flor blanca en el Jardín Americano.

"El amarillo sale de la luz, así como el azul viene de las tinieblas" (Goethe).

Las mimosas en flor presagian la llegada de tiempos mejores y ofrecen el influjo radiante de una vida renovada, despejando de súbito las espesas nieblas acechantes mediante una explosión de alegría y equilibrio natural. En periodos de esplendor, sus efímeras antorchas doradas pueden inducir en el ser humano el deseo de despertar de sueños obsesivos, indicándole los caminos de concordia, sabiduría y solidaridad con un mensaje de paz que revela por momentos la luz de la divinidad...

"A las mimosas, de niña, no les daba importancia./ Formaban parte del paisaje cotidiano./ Pautaban mis pasos en el camino a la escuela./ Estaban allí, las veía por doquier, y no necesitaba adueñarme de ellas./.../ Ahora sí, ahora sí necesito apropiármelas./ Pese a todo eso y más,/ no prescindo de esa llamarada de luz/ ni de su belleza cristalina y minúscula" (Ana Rodríguez Fisher).

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