por montera

Mariló Montero

No son "malotes", son salvavidas

ESA noche a Manolo (nombre ficticio) lo asignaron para controlar la seguridad de la primera planta del Madrid Arena. Cargado de paciencia, mientras trataba de convencer a algunos adolescentes de que apagaran sus cigarrillos y subieran a fumar a la terraza del local, recibió por el pinganillo una aviso urgente de uno de sus compañeros que estaba destinado en el pasillo que comunicaba las escaleras del primer piso con la pista central. Pedía ayuda porque había un enorme tapón de gente. Manolo bajó de inmediato junto a varios compañeros y encontró ante sus ojos una escena que le parecía irreal: una montaña de varios pisos formada por centenares de chicos y chicas que gritaban pidiendo auxilio.

Manolo y sus compañeros sacaron de entre esa montaña terrorífica a muchos jóvenes estrujados, con ataques de ansiedad, agotados por el esfuerzo, inconscientes, sin pulso y a las chicas fallecidas. Una de ellas, me cuenta, murió aplastada, de pie, entre la gente y la pared. Tardaron quince minutos en deshacer esa avalancha pero, indignado, me confiesa que mientras estaban salvando la vida de muchos de esos jóvenes, otros se dedicaban a insultarles como "malotes", "mafiosos", o tirarles hielos, vasos de bebida y hasta petardos ante sus pies. Vieron al joven que tiró, no una bengala, sino varios petardos pero al ir a retenerlo éste huyó.

Esos chicos, me dice, que parecen de familia bien y que no han roto nunca un plato, no son tan buenos cuando están de juerga. Adolescentes que están criticando en la televisión la incapacidad de los responsables de seguridad habían estado tomando drogas y alcohol en grandes cantidades. Calcula, Manolo, que el ochenta por ciento de los asistentes estaban o drogados o bebidos y algunos de ellos vieron en los chalecos fosforescentes una diana donde lanzar todo tipo de objetos. Muchos no eran conscientes del drama pero, así, tampoco colaboraban. Según su versión todas las puertas del Madrid Arena estaban abiertas. A las 21:30 había pasó la revisión de ayuntamiento, me puntualiza. Aunque no era su responsabilidad, defiende la imposibilidad de identificar a muchos de los asistentes por los disfraces que llevaban y las elaboradas pinturas de sus rostros.

Cree que el detonante no fue una bengala. Piensa que el tapón lo originaría el hecho de que las chicas estarían sentadas en el pasillo en el momento en el que la gente bajó en estampida desde la primera planta hacia la pista central y que al tropezar con ellas se formaría el montón. Manolo es un profesional de la seguridad que, como todos los contratados por Kontrol 34, deben tener un carné que avala haber superado, ante la Policía, pruebas y exámenes psicotécnicos, legislativos del gremio y, por supuesto, carecer de antecedentes penales. Llevan días muy afectados. Ellos no son "malotes", asegura, son salvavidas.

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