La tribuna

ana M. Carmona Contreras /

El mapa político italiano o la tormenta perfecta

LOS resultados de las elecciones celebradas en Italia dibujan un sorprendente panorama político que se presenta cuajado de importantes novedades. Por lo que al reparto de actores políticos se refiere, el primer elemento a destacar es la ruptura del tradicional bipolarismo que, en las últimas legislaturas (excluida, por motivos obvios, la etapa de Mario Monti al frente del Gobierno) ha caracterizado el sistema político italiano. De un contexto presidido por la dinámica derecha-izquierda aglutinada en torno a dos ejes dominantes, el partido de Berlusconi y el Partido Democrático (heredero directo de los antiguos comunistas del PCI), acompañados ambos de la correspondiente miriada de fuerzas aliadas, se ha pasado a una situación inédita en la que emerge un nuevo sujeto: El M5S (Movimento 5 Stelle), liderado por el cómico Beppe Grillo.

El Partido Democrático de Bersani, pírrico vencedor de las elecciones con menos de un 1% de ventaja sobre el partido del resucitado Berlusconi, gracias al sui géneris "premio de mayoría" que prevé la no menos peculiar ley electoral, obtiene el 55% de los escaños en la Cámara de Diputados. Muy distinta es su situación en el Senado, en donde tan sólo aventaja en dos escaños a su inmediato seguidor. Teniendo en cuenta que en Italia la segunda Cámara se equipara en funciones a la primera, resulta obvio que el entendimiento con otras fuerzas políticas en el seno de la misma se perfila como requisito imprescindible para asegurar la gobernabilidad del país. Es ahí, donde el "tercero en discordia" adquiere una importancia capital.

La espectacular irrupción en la escena parlamentaria del debutante movimiento auspiciado por Grillo, afirmándose como la tercera fuerza política en ambas cámaras, muy por delante del partido del exprimer ministro Monti (cuyo número de escaños duplica ampliamente), proyecta una potente luz renovadora sobre el panorma político. No sólo porque pone de manifiesto un incremento cuantitativo en el coro de actores protagonistas (que del dúo pasan al trío). También, y sobre todo, porque evidencia un cambio cualitativo en el modo de entender la política en Italia. Se ha achacado (con razón) al M5S su carácter eminentemente populista, presentando al electorado unos candidatos ajenos al circuito político, sin experiencia alguna y, asimismo, formulando un conjunto de propuestas electorales sencillamente irrealizables y carentes de viabilidad práctica. Pero, aun admitiendo el sustrato real en el que dichas criticas se basan, lo cierto es que este movimiento, con su grito de protesta contra un sistema político corrupto y contra la manera de entender la gestión de la política dominante en Italia, ha conseguido aglutinar el descontento y la desazón de millones de ciudadanos. Unos ciudadanos que, no encontrando eco a sus aspiraciones en los partidos tradicionales, han votado a quienes claman por un cambio radical en las instituciones. Se ha dicho, también con razón, que los italianos tienden a ignorar la realidad, refugiándose en ofertas políticas ilusorias y abiertamente impracticables. La masiva reacción popular apoyando a Grillo y Berlusconi no hace sino verificar tal actitud. Ambas opciones, desde aproximaciones radicalmente distintas (ruptura versus continuismo), se perfilan como dos versiones que huyen del compromiso que requiere las difícil coyuntura en que se halla el país.

Teniendo presente tal contexto de fondo, tras las elecciones, Italia se encuentra en una tormenta perfecta. Porque el Movimiento 5 Estrellas no va a poder eludir la responsabilidad que, en tanto que representantes populares, le corresponde en la gobernabilidad del país. Alcanzada la mayoría de edad política con su entrada en el Parlamento, dicho movimiento habrá de asumir su inserción en el engranaje institucional y lo que ello implica desde la perspectiva de su funcionamiento. Toca, pues, un baño de realidad. De tomar conciencia de lo que hay, de cuál es la situación del país, de los compromisos que se derivan de la pertenencia a la Unión Europea, así como de las medidas a adoptar. Ahora bien, este necesario tránsito de Grillo y los suyos hacia la madurez ni va a ser tarea fácil ni va a poderse llevar a cabo si no es bajo determinadas condiciones que lo propicie. El hecho es que si el partido vencedor quiere gobernar habrá de asumir una actitud constructiva con respecto a M5S, tendiendo puentes y lanzando señales que pongan de manifiesto su voluntad de afrontar la regeneración del sistema. Asimismo, será imprescindible abrir espacios para la colaboración y el acercamiento entre ambas fuerzas políticas en aquellos temas en los que se encuentran más próximos y en los que el acuerdo es posible. La dificultad de la tarea es máxima y las posibilidades de éxito global, inciertas. El tiempo dirá.

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