Sine die

Ismael / Yebra

La memoria olvidada

UNA de las cosas que caracteriza a una auténtica nación, es el reconocimiento a los que, de una u otra forma, lucharon e incluso dieron su vida por ella. País, estado, nación y patria son cosas diferentes. La cortedad de vista hispana es una constante a lo largo de la historia. La mayoría de nuestros compatriotas no ven más allá de su nariz y parecen estar impregnados del espíritu de Gundisalvo, en cuya boca el genial Mingote ponía aquello de bueno es lo que me beneficia a mí y malo lo que me perjudica.

Si esto ocurre con los hechos históricos generales, al ceñirnos al ámbito de la ciencia la cosa adquiere dimensiones que deberían avergonzarnos. Si salimos a la calle y preguntamos por Nicolás Monardes, Antonio de Ulloa, Celestino Mutis o la expedición de la vacuna, la respuesta será el silencio y la cara de asombro. Alguien me contestó una vez que Bartolomé de Medina, el impulsor del método de la amalgama para extraer plata en las minas de Pachuca en el siglo XVI, como bien estudió el profesor Manuel Castillo, era un metalúrgico de la UGT. Por eso le habían dado su nombre a una calle antes dedicada a un capitán franquista. La cosa puede resultar graciosa, pero más bien la calificaría de dramática.

El próximo 14 de agosto se cumplen setenta y cinco años del fallecimiento de un eminente científico andaluz: Antonio Seras González. Nacido en Huelva, estudió Medicina en Sevilla y se formó en París junto al gran Pasteur. Fue pionero en investigación bacteriológica y en la síntesis de vacunas y fármacos contra infecciones como la rabia o la sífilis. Su Instituto de Higiene y Laboratorio Microbiológico, instalado en la entonces denominada calle Oriente, fue un faro que iluminó la investigación médica y veterinaria española en las primeras décadas del siglo XX. Pero como suele pasar en nuestro país, las obras importantes son fruto de esfuerzos aislados y carentes de continuidad. El apoyo a la investigación garantiza un futuro esplendoroso, pero al cabo de años, y aquí no tenemos paciencia para ello. Nuestro punto de vista está puesto en lo inmediato y el de nuestros políticos a no más de cuatro años.

Pioneros de la ciencia y la radiología como los doctores Carriazo, Puelles y Murga, auténticos mártires, y mentes avanzadas como la de Antonio Seras permanecen injustamente olvidados. Sirva este pequeño recuerdo como modesto homenaje a su memoria.

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