¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

El menú del señor conde

El Conde de los Andes reunió sus críticas gastronómicas en un volumen que aún se puede encontrar en librerías de viejo

El jerezano don Francisco Moreno Herrera, VII Conde de los Andes, bien pudo parecer más un señorito inglés que andaluz, sobre todo por su gran afición al estudio: se licenció en Derecho en España y en Ciencias Económicas y Políticas en Oxford. Más hispánica fue su afición a la conspiración -la gran herencia del siglo XIX político- que le llevó a intervenir en el intento de golpe monárquico de 1932, la llamada Sanjurjada y a la participación activa en el del 18 de julio de 1936, por lo que pagó su tributo de sangre: resultó gravemente herido en 1938, ya como capitán de Regulares, en la toma de Corbalán.

Fue el V Conde de los Andes un prohombre de la política franquista, como demuestra su nombramiento como gobernador civil de Santander. Además, lució como uno de esos conferenciantes infatigables que hicieron a Eugenio d'Ors exclamar con cierto fastidio aquello de "En Madrid, a las ocho de la tarde, o das una conferencia o te la dan". Sin embargo, a don Francisco le redime de tanto bostezo el que fue también un consumado gastrónomo que escribió sus críticas bajo el seudónimo de Savarin, en honor a Jean Anthelme Brillat-Savarin, fiel defensor de la pena de muerte durante la Revolución Francesa y autor del considerado por muchos como el primer tratado de gastronomía: Fisonomía del gusto.

El señor conde reunió sus críticas gastronómicas en un volumen que aún se puede encontrar en librerías de viejo. En este nos tropezamos con un texto sobre la sevillana Casa Senra, "tasca digna de mención" del barrio de la Feria que, según nos cuenta el maestro Luis Carlos Peris, fue lugar frecuentado en los años sesenta y posteriores por señoritos, pícaros, bufones y futbolistas; uno de esos lugares de anecdotario abundante y políticamente incorrectísimo.

Del texto de don Francisco obviaremos unas primeras líneas en las que abunda en el tópico de que "el Creador suprimió a los sevillanos el gusto por la buena cocina" y cita a Ortega y a su empalagosa Teoría de Andalucía cuando afirma que "la cocina andaluza es la más tosca, primitiva y escasa de toda la Península". Lo que nos interesa del artículo es la descripción pintoresca de aquel legendario restorán de dos tenedores, con sus jamones, carteles de toros, vitrina de langostinos y un bodegón "pintado muy chillón". También el menú que se meten entre pecho y espalda los dos aristocráticos comensales: de primero, urta a la roteña y al coñac con perejil y ajo ("riquísimas"); de segundo, pata de cordero y chuleta de ternera a la parrilla ("la elección es afortunada"); y de postre tarta Delicia ("me relamo con gusto"). Todo esto, más "dos cafés y una botella de tinto de marca" ascendió a la friolera de 549 pesetas.

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