la ciudad y los días

Carlos Colón

El mercado de la Puerta de la Carne

LLEVANDO la contraria al amable, recargado y escenográfico regionalismo, el severo y elegante Movimiento Moderno entró tímidamente en Sevilla a través de edificios como la Auto Ibérica de Sierpes (1926) o el Mercado de la Puerta de la Carne. Supongo que en el caso del mercado la moderna sobriedad fue aconsejada más por razones económicas que estéticas, ya que en el pliego de condiciones se exigía que se proyectara "de modo que, ofreciendo un aspecto decoroso cual corresponde a un edifico público, sea diáfano y sencillo, con lo que podrá resultar de menos costo". Y los otros edificios presentados al concurso tenían una mayor carga ornamental.

Sevilla hervía de preparativos de Exposición -es decir, de cales, ladrillos, azulejos y forjas- cuando en 1926 Gabriel Lupiáñez Gely y Aurelio Gómez Millán presentaron el sobrio proyecto; erupcionaba de fastos expositivos cuando se terminó en 1929; y se recuperaba de la resaca iberoamericana -con sus deudas agravadas por la gran crisis del 29- cuando se inauguró en febrero de 1930.

Como el cuartel que hoy es Diputación o el puente, el mercado se salvó milagrosamente de su demolición. Pero no del abandono. Durante más de una década, bajo los años faraónicos de Alfredofis I, ha estado cerrado y abandonado. No era cosa de distraer millones de los tirados en la Encarnación. A lo largo de estos años los okupas y las ratas lo han hecho suyo. Las pintadas lo han cubierto de eso que algunos llaman arte urbano. El tiempo y el olvido municipal lo han minado. Hasta que, por fin, siquiera se ha echado a los okupas y a las ratas, y se han sellado sus accesos.

Queda ahora lo más importante: restaurarlo y ponerlo en uso. Zoido prometió o sugirió -no lo recuerdo- un centro cultural. Puede valer. Pero tengo mis reservas. Cada vez estoy más de acuerdo con el productor que interpretaba Jack Palance en Le mepris de Godard: "Cuando oigo la palabra cultura, saco el talonario". También podría volver a ser mercado o convertirse en un maravilloso gimnasio blanco y racionalista, como diseñado por Van Nest Polglase para una película de la RKO de los 30. Ya se verá. Lo importante es que se restaure.

Cerca del mercado está el edificio del cine Florida, última obra de Gabriel Lupiáñez Gely -el coautor del mercado- antes de su temprana muerte en 1942. La elegante y sobria fachada está salvada. Pero, ¿qué ha sido de su interior? Supongo que no quedará nada tras su conversión en multicines y hasta en salón recreativo infantil. Sólo el eco fantasmal de la voz de Teresa María de las Heras -la dobladora de Julie Andrews- cantando Mis cosas favoritas.

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