NO tenía ni idea de quién había llevado a cabo el resumen del Festival de Cine de San Sebastián. Ignoraba quién era el autor de esos 32 minutos en los que no queda más remedio que tirar del tópico (películas, premiados, jurados, bondades de la ciudad) pero en los que el realizador aborda el reto de reinventarse y lanzar algo diferente. Es una ocasión para lucirse.

Lo que el sábado nos encontramos antes de que diese comienzo la gala de clausura dirigida por Patxi Barco fue un reportaje exquisitísimo. Casi a la misma hora pudimos ver los 9 minutos de los que dispuso Juan Antonio Tirado para contar San Sebastián 2016 en Informe semanal. Qué ironía. Concentrar en apenas diez minutos los centenares de citas programadas alrededor del Kursaal.

El resumen fue otra historia. Para mostrar la sección oficial, expuso las fotografías en blanco y negro de los directores que participaban en ella, rotulando en rojo sobre sus ojos los apellidos-marcas de cada uno. Del mismo modo que para presentar a los miembros del jurado se hizo lo propio, esta vez rotulando sus apellidos en rojo sobre sus labios. En casos así los espectadores más sensibles podríamos morir de belleza por acumulación. Cada plano fue, en sí mismo, un deleite. A las ya de por sí icónicas imágenes representativas de cada una de las películas se suman los planos de recurso (menudos recursos) de surfistas, una tren de vía estrecha que se adentra entre un túnel de vegetación, Chillida, el mar bravo. Y una Ángela Molina en flor, ralentizada. Y los seleccionadores de cada una de las secciones razonando sus criterios. Y más belleza. Y sólo al final, un rótulo. Director: Santiago Tabernero.

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