La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

De morado

La túnica morada es como la copla según Manuel Machado: se fundió con el Señor en el corazón del alma popular

Primer viernes de Cuaresma. El Gran Poder, de morado. Con los años he coincidido con el gusto popular mayoritario: así es como reconozco mejor al Señor que llevo más hondamente clavado en mi memoria. El pueblo suele tener razón en lo que a las devociones más veneradas y queridas por él se refiere [ojo: el pueblo, no la masa adicta a alardes trompeteros y coreográficos o monerías de priostía]. No se olvide la lección que los vecinos de los Tres Barrios dieron a Sevilla cuando el Señor estuvo allí.

Espléndidas son las túnicas de la corona de espinas y los cardos de 1857 y 1881. Espléndida es la persa de 1908 que, al revestir al Señor, simboliza la más sevillana Navidad, a la vez Gloria y Pasión del pesebre a la cruz. Hermosa en su sencillez es la de la guardilla de 1927. Y espléndida es la que en 2020 le ofrendaron los devotos, reconstrucción de una de 1817. Pero la más suya es la morada con la que suele procesionar desde 1910 tras vestirla años antes en Cuaresma, como si su cuerpo fuera un altar velado.

No gustó a todos. Se conserva el curioso La iconografía pasionista y las reformas del paso del Señor del Gran Poder en 1910: ligeras observaciones por un cofrade que las dedica a su Hermandad en el que al anónimo autor expresaba su disgusto por la innovación de la túnica lisa porque “no es ese el corte adecuado que ha de dársele, por cuanto no resulta a modo de túnica hebrea, por lo que esa túnica que se le pone al Señor en Cuaresma, ni es hebrea, ni pliega convenientemente, ni sería posible poder andar con ella y solo se acomoda para vestirla interiormente, cuyo es el uso para que se la destinó”. Al final caló en el pueblo y definió la más reconocida imagen del Señor.

La decisión la tomó una junta de gobierno siguiendo los consejos de “personas de reconocida competencia canónica”, entre ellos Muñoz y Pabón, y la refrendó un cabildo general. Pero no importa quienes fueran porque el pueblo la hizo suya cumpliéndose lo que Manuel Machado escribió de la copla: “Hasta que el pueblo las canta, / las coplas, coplas no son, / y cuando las canta el pueblo, / ya nadie sabe el autor. (…) Procura tú que tus coplas / vayan al pueblo a parar, / aunque dejen de ser tuyas / para ser de los demás. / Que, al fundir el corazón en el alma popular, / lo que se pierde de nombre / se gana de eternidad”. Así se fundió la túnica morada lisa con el Señor en el corazón del alma popular.

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