La ¿nueva? Susana

Sigue siendo muy trianera, rociera y del Betis. Sea como sea, su cara pertinaz aún nos persigue molestamente

Lo queramos o no hay caras ajenas que nos persiguen durante años. Más que de caras, uno hablaría de acoso facial. Tanto es así que un día, sin darnos cuenta, arrastramos el rastro de ese rostro. No es un juego de palabras. No somos trileros. Véase el caso del presentador Jordi Hurtado y el caso de la socialista Susana Díaz. ¿Quién no tiene cara de Jordi Hurtado a estas alturas? El de Jordi nos resulta un acoso casi amable y, en todo caso, inocuo. Pero el caso de Susana es bien distinto. Diremos que su cara nos persigue fastidiosamente. Por supuesto, no hablamos de rasgos agraciados o feos (para esto último están los nuestros). Hablamos, más bien, de una molestia de tipo existencial, que nos acompaña y se nos hace tan pesada como la piedra de Sísifo. La cara de Susana -pensemos también en la de la presentadora del Telediario Ana Blanco- es como otro nombre de nuestra propia cara ante el espejo. ¿Exageración? Podría ser. Pero tenemos motivos para hablar de acoso facial. Desde el tiempo de los dinosaurios, cuando uno era joven, hemos tenido que ver a Susana Díaz en prensa, Canal Sur TV y, ahora, en digitales y memes por WhatsApp. El currículum de esta cara lo explica todo. A los 17 años se afilió a las Juventudes Socialistas en Sevilla (con cargo orgánico desde los 24). A partir de ahí empezó el acoso progresivo (nada que ver con el rock progresivo de nuestro añorado Franco Battiato). Fue concejala del Ayuntamiento (1999-2004). Fue también diputada en Cortes, senadora, consejera de la Junta de Andalucía, secretaria general del PSOE-A y presidenta e inquilina en San Telmo durante un sexenio. Perdió las primarias en Ferraz con su gran colega Pedro Sánchez. Ahora, la bautizada como la nueva Susana aspira a las primarias andaluzas como candidata a la Junta. ¿No se va a ir nunca? Año tras año, estéticamente la hemos visto como joven botellonera, con pelo cardado, ni corto ni largo, hasta la melena lisa, ni pacífica ni atrevida, de hoy. El caso es que la misma cara de siempre gasta ahora un look directo y buenrollero. Calza deportivas Converse y luce camisetas de outlet con pegada y mensajes de autoayuda: Take it Easy(Tómatelo con calma), In Women We Trust(Creemos en las mujeres), Happiness for Everyone(Felicidad para todos), Choose Empathy(Elige empatía), etc. La nueva Susana dejó en su día de ser catequista, igual que dejó el traje de chaqueta formal. Sigue siendo muy trianera, rociera y del Betis. Sea como sea, su cara pertinaz aún nos persigue molestamente. Si gana las primarias todo habrá alcanzado ya su punto de terror.

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